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sábado, 5 de febrero de 2011

La crisis económica (59 segundos)

"59 segundos" from ATTAC.TV on Vimeo.


Intervienen: Torres, Urbaneja, Caldera, Serra y Schwartz, presenta María Casado.
En este programa cada interviniente plantea sus posturas con respecto a la crisis "española", paro, pensiones y deuda; aunque cuando haya países europeos, como Alemania, que está creciendo ya a un 4% su PIB, de ahí el hincapié en crisis "española".
No hay comentarios, las intervenciones se comentan solas.

martes, 1 de febrero de 2011

Un gran error de UGT y Comisiones Obreras


Juan Torres López

Desde hace meses vengo colaborando codo con codo con todos los sindicatos de nuestro país que me han pedido apoyo porque creo que siempre, pero mucho más en estos momentos, son una pieza fundamental para defender los derechos de las clases trabajadoras. Cualquier diferencia que hubiera podido tener con sus posiciones y propuestas la he aparcado porque estaba y estoy convencido, como he escrito en varios artículos, que aprovechar la crisis para tratar de acabar con ellos es una de las estrategias que se han propuesto llevar a cabo los grandes poderes financieros y los políticos que están a su servicio. Y, sobre todo, los he apoyado porque he tenido la íntima convicción de que las diferencias entre quienes aspiramos a conseguir una sociedad más justa se deben resolver fraternalmente y no tratando de acabar unos con otros, como tantas veces ha ocurrido en el seno de las izquierdas.
Ahora, sin embargo, debo manifestar que Comisiones Obreras y UGT han cometido, en mi modesta opinión, un gran error que van a pagar caro no solo las clases trabajadoras sino esos mismos sindicatos. Aunque, al mismo tiempo, quiero también advertir del gravísimo peligro de responder al error con otro semejante que busca desde hace tiempo la derecha y el poder económico: demonizarlos y hacer caer sobre ellos toda la responsabilidad de lo que ha pasado.
Un error múltiple
A mi juicio, tanto UGT como Comisiones Obreras se han equivocado pactando con el gobierno la reforma de las pensiones públicas por varias razones:

En primer lugar, porque esta reforma significa sencillamente un recorte de derechos de los trabajadores y tendrá como efecto que, en los próximos años, muchos millones de ellos no puedan percibir una pensión pública digna al jubilarse, si es que alguna vez llegan a hacerlo, lo que para su inmensa mayoría significará no poder tenerla porque sus niveles de renta no les van a a permitir disponer de ahorro privado suficiente.
El pacto significa, sin ninguna duda, que a partir de ahora el sistema de pensiones públicas español será más injusto (porque hace recaer en mayor medida su mayor insuficiencia sobre las clases de renta más baja) y de menor alcance (porque proporcionará menos pensiones y más precarias).

En segundo lugar, creo que se han equivocado también porque han entrado en el juego del doble razonamiento falso que se viene utilizando para justificar el sistema. Uno, el de su insostenibilidad a largo plazo, que nadie ha podido demostrar rigurosamente como hemos expuesto en multitud de ocasiones los economistas críticos. Y otro, en el de aceptar que para hacer frente al desequilibrio financiero que pueda provocar esa pretendida insostenibilidad lo que hay que hacer es solo actuar por la vía de reducir el gasto, y no aumentando los ingresos, es decir, mejorando la distribución de la renta para que así haya más salarios y más cotizaciones, el empleo decente, sobre todo el femenino, la productividad y, en última instancia, los ingresos a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, poniendo en marcha políticas justamente contrarias a las que se están aplicando y que han provocado la crisis y luego, como en Irlanda, que se vuelva a recaer en ella
Para haber defendido de verdad el sistema público de pensiones, UGT y Comisiones Obreras deberían haberse cerrado en banda y haber propuesto, en todo caso, un pacto social sobre el horizonte de estos otros factores de los que también depende su equilibrio financiero a largo plazo. Al no hacerlo, simplemente han aceptado que la pauta de distribución de la renta siga siendo tan desigual como hasta ahora y que eso impida financiar mejor al sistema.

En tercer lugar, me parece que se están equivocando igualmente en explicar el pacto diciendo que se trata de una solución positiva a la crisis de las pensiones e incluso a la situación económica general. Les pasará lo mismo que le ocurre al gobierno: nadie los va a creer porque han aceptado lo contrario de lo que decían y simplemente se pensará que son un instrumento inútil para conseguir lo que dicen que quieren lograr.
Se podría aceptar que argumentasen que no ha habido otra opción, que no se ha dispuesto de más fuerza para torcer la imposición de un gobierno esclavo de los poderes financieros, que se ha conseguido lo más que se pudo conseguir… pero empeñarse en presentar este pacto como positivo es algo que nunca van a entender los trabajadores que sean mínimamente conscientes de que con él, como es evidente, van a tener menos pensiones y menos cuantiosas.

En cuarto lugar, creo que se han equivocado aceptando esta reforma, que contradice lo que venían diciendo en los últimos meses, porque al hacerlo muestran que es posible extorsionarlos y todo el mundo sabe que quien acepta un chantaje termina por aceptar, como le está pasando al gobierno, todos los que vengan detrás y eso, lejos de fortalecerlos, los va a debilitar aún más. Dentro de unas semanas, cuando de nuevo se amenace con la intervención inminente de la economía si no se firma, como ha estado haciendo el gobierno durante toda la negociación, se pondrá en la mesa la reforma de la negociación colectiva, luego la de los servicios públicos y así hasta que la definitiva sea la que se quite de en medio a los propios sindicatos que ahora se mostraron sumisos.

En quinto lugar, también creo que ha sido un error ceder al gobierno sin haber intentado ni siquiera hacerle frente, tal y como se había anunciado, con nuevas movilizaciones porque eso ha frustrado a sus propias bases y a los trabajadores que confiaban en ellos para no perder más derechos.
Pero un error que no es culpa solo de los sindicatos

Dicho todo lo anterior, que me parece que es grave y que va a traer consecuencias bastante negativas para todos, creo que al mismo tiempo hay que poner sobre la mesa otras cuestiones que a mí me parecen posiblemente tan relevantes y decisivas como el propio gran error de los sindicatos.

En primer lugar, que el principal responsable de lo que está ocurriendo es el partido socialista y sus militantes que no frenan la deriva neoliberal del gobierno ni su discurso falso que presenta las medidas que están imponiendo la banca y las grandes empresas como si en realidad beneficiasen al conjunto de los ciudadanos.

En segundo lugar, que es cierto que si no se hubiera producido ese pacto el gobierno hubiera tomado una medida aún más dañina para el sistema de pensiones y para el conjunto de los trabajadores. Lo que significa que los sindicatos han cumplido en cierta medida su función que es la de defender a los trabajadores hasta donde efectivamente puedan hacerlo.

En tercer lugar, que si se ha llegado a esta situación en la que el gobierno ha podido hacer ceder a los sindicatos ha sido porque la ciudadanía no ha sido capaz o no ha estado dispuesta a darle a los sindicatos la fuerza necesaria para que éstos hubieran podido hacer frente con más decisión al gobierno. Si los sindicatos llaman a las movilizaciones y éstas son insuficientes, minoritarias o a veces incluso simplemente anecdóticas, no podemos hacer recaer luego la responsabilidad de los fracasos únicamente en los sindicatos.
Esto tiene que ver, en gran medida, con la baja afiliación sindical que existe en España. Si no participamos en sus discusiones, si no hacemos nada por cambiar la correlación de fuerzas que pueda haber en su seno, si no les damos mucha más fuerza con nuestra presencia ¿con qué derecho podemos decir después que los sindicatos son simplemente unos traidores?
Pero lo ocurrido creo que no tiene que ver solo con la baja afiliación sindical.

En cuarto lugar, me parece que lo que acaba de suceder tiene relación con el hecho de que en los últimos tiempos los sindicatos han venido desempeñando un papel que en realidad no es a ellos a quien le corresponde.
El partido socialista, que según su declaración de intenciones ante la ciudadanía se supone que debería ser la organización mayoritaria que se enfrentase a la derecha y a los poderes económicos, simplemente ha desaparecido sin apenas combatir y el gobierno de su secretario general se limita a aplicar las recetas que le dictan, actuando como un partido más de la derecha económica, mientras la inmensa mayoría de sus militantes guarda un silencio cómplice y que ya empieza a producir, además de terribles consecuencias, incluso vergonzoso porque no son capaces de decir en público ni en sus agrupaciones lo que dicen en privado.
Y, más allá del PSOE, simplemente existe una izquierda debilitada durante años por sus rencillas internas, por la presencia de mucho discurso caduco, fragmentada y detrás de la cual hay una minoría muy militante pero un ejército de personas cansadas, frustradas, desmovilizadas y que, a lo sumo, se limitan a pontificar frente a las pantallas de su ordenador pero que a la hora de la verdad ni siquiera votan a quienes podrían ser la expresión de su radicalidad y descontento.
Quiero decir con esto que se le está pidiendo a los sindicatos que asuman el papel de referentes de la izquierda política y que actúen como tales enfrentándose constantemente al gobierno, que resuelvan desde la lucha sindical lo que debería resolver la izquierda política, y eso es sencillamente imposible.
Por ello, yo creo que en estos momentos hay que hacerle ver a los sindicatos que se han equivocado pero siempre que al mismo tiempo nos hagamos ver a nosotros mismos que también erramos cuando nos dejamos llevar por la pasividad, por el sectarismo o por un radicalismo que nada tiene que ver con la realidad en la que estamos.
Y eso significa actuar en varios frentes, y no solo en el de la crítica a CCOO y a UGT.
Significa movilizarse para explicar a la gente lo que de verdad ocurre con la crisis y las pensiones.
Significa afiliarse en mayor medida a los sindicatos para poder influir de verdad en las decisiones que tomen las dos grandes centrales.
Significa no dedicar ni un minuto a reproducir el discurso antisindical de las derechas y combatirlo en cualquier sitio para evitar que su omnipresencia termine por asumirse generalizadamente.
Significa pedirle a los sindicatos que rectifiquen pero hacerlo fraternalmente y no produciéndoles un mayor debilitamiento.
En definitiva, esta a mi juicio errónea cesión de los sindicatos es una muestra más de que la crisis que estamos viviendo, en lugar de hacer que el capitalismo se hunda, como muchos creían que iba a suceder, está reforzando el poder de quienes lo mantienen.
Por eso me gustaría terminar esta reflexión con unos párrafos de mi último libro La crisis de las hipotecas basura. ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?, en el que precisamente trato de explicar por qué está ocurriendo todo esto.
Hacer frente a la crisis desde posiciones alternativas no consiste solo en ofrecer propuestas diferentes a las de los poderosos (…) Es necesario disponer de ellas pero además, y quizá de forma prioritaria, hay que hacer frente a este fracaso de interlocución entre las izquierdas y la gente, para lo cual hay que llevar a cabo en primer lugar un gran proyecto de convergencia muy sincero y fraternal, con gran lucidez y, sobre todo, sin un ápice de sectarismo sino anteponiendo a cualquier otra cosa los elementos transversales que permitan hacer mallas y construir redes para religar y coordinar lo local y lo disperso y para traducir a una única lengua los diferentes voces y discursos de la transformación social.

Por eso, quizá si la izquierda y los movimientos alternativos en general comenzaran a trabajar para poner en marcha prácticas políticas de este otro signo, fraternales, de emociones y afectos, de reunión, de deliberación y debate para fomentar el conocimiento, la indignación, la rebeldía y el sabotaje pacífico en lugar de dedicarse simplemente a gestionar o simplemente a radicalizar sobre el papel sus programas, las salida a la crisis que vivimos y a las que vendrán serían diferentes y conseguiríamos hundir para siempre en los vertederos de la historia las prácticas sociales que crean tanta frustración y dolor innecesarios.
Es el momento de criticar pero también el de unir, no el de autodestruirse. Y, sobre todo, es el momento de avanzar hacia el fortalecimiento político. Si queremos que los sindicatos no vuelvan a dejarnos tirados, como ahora, hagamos todo lo posible para que en España exista una alternativa política de izquierdas fuerte y unitaria que les de fuerza a los sindicalistas honestos, que tengo la seguridad de que son la inmensa mayoría, e incluso a tantos socialistas que también sienten la frustración de ver cómo su partido se suicida haciendo la política de la derecha.



lunes, 12 de julio de 2010

El Banco de España frente a la crisis

Juan Torres López
Una de las falacias que con más ahínco se repite en los círculos del poder político y económico es la que indica que el Banco de España ha sido un regulador ejemplar del sistema financiero y que gracias a ello la banca española se encuentra en mejores condiciones que la de otros países.
Creo que es fácil demostrar que eso no es cierto y que se dice simplemente para no reconocer que el Banco de España se viene dedicando desde hace mucho tiempo a salvar la espalda de la banca privada y a cuidar sus intereses con desprecio de los más generales.

1. El Banco de España, a pesar de disponer de grandes recursos materiales y personales, no se percató del peligro que se cernía sobre la economía española. En el Informe Anual de 2007 (escrito a mediados de 2008) todavía se refería a lo ocurrido en el año analizado como un "episodio de inestabilidad financiera", y un año antes no advirtió nada especialmente peligroso. En su página 25 se escribía que "en los primeros meses de 2007 ha proseguido la fase de expansión de la economía española y las perspectivas apuntan a su continuidad en el horizonte más inmediato" y solo señalaba "algunas incertidumbres sobre la continuidad del crecimiento de la economía" pero "en horizontes más alejados".

Es evidente que el doctrinarismo neoliberal de sus analistas les impide percatarse de la realidad y lo sorprendente es que una institución que se muestra incapaz de anticiparse lo más mínimo a los peligros que acechan a la economía se considere a sí misma con legitimidad para decir a toda la sociedad lo que se debe hacer o lo que no. 
Hay quien ha apuntado que en realidad el Banco de España sí sabía lo que estaba gestándose y que por ello vendió la mayor parte de sus reservas de oro en los meses anteriores a que estallara la crisis pero si eso fue así, ¿cómo calificar entonces su actuación?

2. Cuando la crisis ya se echó encima, los analistas y los directivos del Banco de España sigue siendo incapaces de desvelar los factores reales que la han provocado. Y no se trata de pedir que asuma los análisis de los economistas de izquierdas que no suelen tener cabida en esa institución, sino simplemente que reconozcan, como se está haciendo en otros países que la actuación cómplice de la administración y de los reguladores, la desregulación de los mercados, la irresponsabilidad de las entidades financieras, los fraudes o la discriminación y las desigualdades en el acceso al crédito, entre otros factores, han sido desencadenante fundamentales de la crisis. Y, por supuesto, en ningún momento ha tomado en consideración que la crisis tiene responsables que deberían pagar por el daño que han provocado. Por el contrario, silencia sus conductas y los protege, puesto que solo así puede seguir proponiendo para salir de la crisis las mismas medidas que proponían antes de que estallara y que la provocaron.

3. El Banco de España fue el mascarón de proa de las políticas de estabilidad presupuestaria que justificaban con el objetivo aparente de evitar el endeudamiento pero que, en realidad, buscaban favorecer el endeudamiento privado que es mucho más rentable al capital privado y a los Bancos. 

Eso ha producido en nuestro país el incremento del déficit social y, paralelamente, el incremento extraordinario de la deuda privada, mucho más dañina que la pública.
El Banco de España ha aplicado una inmoral doble vara de medir combatiendo el uso del necesario endeudamiento para crear capital social y facilitando a su vez el negocio bancario permitiendo que se desbocase el endeudamiento privado.

4. Además, el Banco de España o no ha querido o no ha podido evitar que el impresionante crecimiento del crédito privado se dirija a alimentar una burbuja inmobiliaria que ha proporcionado enormes beneficios a bancos, promotores y constructores pero también un daño terrible a nuestra economía, como ahora estamos comprobando.

5. Es verdad que el Banco de España no permitió que las entidades financieras españolas titulizaran sus activos o los adquiriesen en las mismas condiciones en que lo hicieron las de otros países. Pero eso no significa que no dejase que se acumulara demasiado riesgo en sus balances, como prueba la situación de restricción de crédito en la que estamos ahora y el que ahora se estén tomando continuamente medidas para evitar que las entidades afloren sus pérdidas reales, relajando las provisiones y modificando las reglas contables con el fin de disimular su insolvencia.

6. El Banco de España, utilizando la conveniencia de controlar la subida de los precios como señuelo para justificar las políticas antisociales de los últimos años, ha permitido, sin embargo, que se produzca una extraordinaria subida del precios de un bien básico, como la vivienda. Además de no haber hecho prácticamente nada para combatir la concentración de capital que está en la base de la inflación y no los salarios excesivos como siempre achaca. Un fracaso absoluto, pues, en cuanto a su principal cometido de lograr la estabilidad de los precios. 

7. Se dice que el Banco de España ha sido un buen supervisor que ha generado disciplina en el sistema financiero pero eso equivale a no tener en cuenta que nada ha hecho para evitar, como he dicho, la acumulación de crédito arriesgado; la especulación; el uso continuado de los paraísos fiscales por parte de las entidades bancarias; la usura (que aunque ya no sea un delito se viene produciendo quizá más que nunca); las comisiones abusivas que en España son las más altas de Europa; el establecimiento de cláusulas leoninas en los préstamos, como las que fijan un suelo a los intereses o los engaños mediante seguros swaps (que en lugar de proteger a los clientes han sido un negocio vergonzoso para los bancos); el trabajo sucio de las sociedades de tasación al servicio de los bancos que han encarecido artificialmente las viviendas; la generalización de préstamos hipotecarios al 100% o incluso a más valor de la vivienda hipotecada..., por citar solo algunos casos en los que incluso cuando los afectados han recurrido posteriormente al honorable regulador solo han encontrado como respuesta el silencio o, lo que incluso es peor, la razón pero seguida de su pasividad frente a las entidades.

8. Ya en plena crisis, los dirigentes del Banco de España ha pasado a convertirse en simples activistas de la patronal y de las entidades financieras: no tiene otra explicación que sus propuestas coincidan siempre con las que estos hacen y nunca con las de los miembros más progresistas del Gobierno, de instituciones que no sean las controladas por los grandes poderes financieros, las de economistas que defienden otras posiciones o de los sindicatos. Y en esa posición, el Banco de España se ha desentendido del principal problema que padece la economía española, la falta de crédito, para dedicarse a reclamar las medidas que solo van a permitir que los bancos y las grandes empresas sigan ganando cada vez más dinero: privatizaciones, reformas laborales, reducción de gasto social... 

9. Finalmente, el Banco de España no predica con el ejemplo. Pide a los demás una cosa y hace otra. Y, como he señalado, lo hace con un criterio muy desigual e injusto. Constantemente reclama flexibilidad en las relaciones laborales y sin embargo permite que los bancos sean rígidos a la hora de aplicar las rebajas del tipo de interés que beneficiarían a sus clientes, pide moderación en los salarios o en las pensiones y con dinero público fija sueldos y pensiones privilegiados para sus directivos o calla ante las retribuciones gigantescas en bancos que reciben ayudas públicas teóricamente para poder dar créditos a empresas y consumidores.

Los hechos demuestran que el Banco de España no es una entidad que haya supervisado de modo ejemplar como se dice. Como tampoco lo es una democracia, como la nuestra, que no ha investigado su comportamiento en los últimos años. En lugar de dejarlo actuar como auténtico monarca absoluto sería imprescindible que el Parlamento supervisara con independencia y rigor su actuación y la relación que mantiene con la banca. Si no se hace así, su independencia no es una garantía de estabilidad y progreso económicos sino una patente de corso para estar al completo servicio de los poderosos.

Publicado en Sistema Digital