viernes, 8 de julio de 2011

La "solución" es cada vez más el problema

José María Zufiaur

Lo preocupante es que la austeridad y los recortes no están conteniendo la crisis sino agravándola. Los rescates en lugar de rescatar y encarrilar las economías de los países afectados lo que hacen es replicarse: del rescate I pasamos al rescate II en Grecia y una situación parecida se cierne sobre Portugal. Tampoco las durísimas medidas adoptadas sobre los salarios, las retribuciones de los funcionarios, la revalorización de las pensiones, las contrarreformas de la legislación laboral, de las pensiones, de la negociación colectiva, los anuncios de más contrarreformas que afecten a la sanidad o a la protección por desempleo impiden que los mercados sigan acorralando cada vez más a los Estados más débiles, en el Sur y en el Este de la UE y extendiendo su amenaza sobre otros (como Italia o Bélgica).
Desde hace un par de años la Unión Europea y los gobiernos nacionales insisten una y otra vez en que la austeridad y los recortes sociales, a los que llaman reformas, son la solución. El Gobierno español alardea de que gracias precisamente a que se han “adelantado” a realizar las reformas que les dictan los mercados, las instituciones financieras internacionales, la Comisión Europea y el Consejo Europeo se ha podido evitar que España haya tenido que recurrir a ningún rescate, al que sí han acudido Grecia, Irlanda y Portugal.



Ni, por supuesto, sirven tales reformas para crear empleo, para garantizar pensiones dignas en el futuro ni para mejorar y equilibrar las relaciones laborales. Al revés, la precariedad laboral se generaliza. Y el acceso a las pensiones se hace más difícil para los sectores laborales más débiles, su financiación se contrae y, por lo tanto, sus cuantías están inevitablemente abocadas a reducirse en el futuro. Además se establecen, como en España, “cláusulas de sostenibilidad” en los sistemas de pensiones pese a que el bloque progresista del Parlamento Europeo ha logrado rechazarlas en el ámbito europeo.


En nuestro país y en plena contradicción con el principio de contributividad que se predica, se despoja a la Seguridad Social de una parte importante de su patrimonio – que de forma artera y en contra de las estipulaciones del Pacto de Toledo se contabilizó en su día como deuda cuando hubiera tenido que ser el Estado y no la Seguridad Social quien tendría que haberse hecho cargo de los déficits sanitarios – a cambio del voto de los partidos nacionalistas catalanes y vascos para poder seguir, así, haciendo reformas como la de la negociación colectiva. Reforma que refuerza de manera escandalosa el poder de los empresarios y que amplía la vía ya abierta en 1994 a los marcos autonómicos de negociación colectiva, cosa que ni siquiera sucede en los países con Estados más expuestos a un riesgo de ruptura, como Bélgica o Canadá. ¿Cuál es la lógica de todo esto? Probablemente la clave de lo que está pasando consiste en que la UE no lleva a cabo la política que tantos expertos – incluido el Partido Socialista Europeo - han recomendado y que la propia experiencia dicta.En primer lugar, en vez de tratar de salvar a los Estados, la UE está haciendo todo lo que puede para salvar a los bancos. Sobre todo a los bancos de los países más fuertes de la UE, como los alemanes, los franceses o los ingleses. El editorialista económico del “Financial Times”, Martin Wolf, describía hace poco el meollo de la cuestión: “El paquete de las deudas (privadas) podridas ha pasado de la economía real a la financiera, después a los Estados, los cuales tratan de pasarlo a los más débiles de entre ellos”. Otro Martín, Martín Seco en este caso, escribía la semana pasada en el diario Público que “entre 2009 y 2010, las entidades financieras alemanas han reducido su exposición a la deuda de los mal llamados “PIGS” de 500.000 a 230.000 millones de dólares, y de forma similar las francesas”. En el diario El País del 4 de Julio el corresponsal en Berlín hacía referencia a esta enorme operación de transferencia del riesgo desde las entidades financieras y similares a algunos Estados. El caso de Alianz, se decía, es paradigmático de cómo ha beneficiado el rescate de Grecia al sector privado alemán: en enero de 2010, Alianz tenía 3.300 millones de euros en deuda griega, hoy tiene sólo 1.300”. Cuantos más rescates menos riesgo para los bancos, más riesgo para los Estados afectados y más pobreza para la mayoría de sus ciudadanos. En la misma tesis abundaba el artículo de Ignacio Sotelo (El País, 5 de julio de 2011): los bancos y las aseguradoras alemanas están trasladando, desde los bancos a los Estados, los riesgos de impago de Grecia y de otros países que podrían verse arrastrados por la quiebra griega Los cuales, a su vez, los trasladan a los ciudadanos, especialmente a los parados, a los trabajadores, públicos y privados, y a los pensionistas presentes y futuros. En segundo lugar, la UE tiene que ser coherente con la cesión de soberanía que han realizado los Estados, especialmente con el establecimiento del euro, mediante la creación de una auténtica soberanía no sólo monetaria sino también financiera y fiscal. Y poniendo en pie la Unión económica para hacer posible una mayor cooperación macroeconómica. Es condición necesaria para ello una profundización política de la Unión, entre otras cosas para levantar las cortapisas que Alemania impuso a la Unión Monetaria.Los responsables alemanes- Merkel, Schäuble, Westerwelle – hacen, por un lado, un canto al futuro de la Unión y del euro pero, por otro, bajo la presión del Tribunal Constitucional alemán (que ayer mismo amenazaba con poner en cuestión la legalidad de las ayudas a Grecia) pretende un imposible: que paguen los ciudadanos de los Estados más débiles el riesgo asumido por sus bancos alemanes. En realidad lo que la situación requeriría es poner en marcha un federalismo europeo compatible con el hecho de haber establecido una moneda única. Alemania no quiere que desaparezca el euro – tendría mucho que perder porque su moneda se revaluaría y perdería capacidad exportadora, el Mercado Único no estaría sometido al corsé de la imposibilidad de compensar las desventajas de competitividad mediante las devaluaciones monetarias y Europa, y con ella Alemania, perdería peso en el mundo – pero tampoco quiere una Europa verdaderamente federal.Alemania pretende la cuadratura del círculo. Pero como afirmaba el premio Nóbel de Economía Amartya Sen - Le Monde, 4 de julio de 2011, en un artículo titulado “El euro hace caer a Europa” - no es posible querer una cosa sin querer, al mismo tiempo, aceptar las bases que la hacen posible. Ciertamente, escribía Sen, “se puede renunciar a la independencia monetaria pero cuando realmente existe integración política y presupuestaria, como sucede en los Estados Unidos de América”En tercer lugar, la UE necesita un auténtico presupuesto europeo de tipo federal. Actualmente el presupuesto europeo no llega al 1% del PIB, mientras que el estadounidense alcanza el 25%. Es difícil que los Estados miembros aceptaran en estos momentos financiar un presupuesto mucho más federal. Pero, como ha propuesto el Partido Socialista Europeo, tal presupuesto podría ser financiado por la introducción, sólo en el ámbito europeo, de una tasa del 0,05% a las transacciones financieras. Con ello se recaudarían 250.000 millones de euros, el PIB europeo crecería un 1,3% y se crearían más de dos millones de empleos. El partido de los socialistas europeos también plantea destinar 800.000 millones de euros para crear 8 millones de empleos, financiados, entre otros ingresos, por un impuesto europeo sobre el carbono. Todo ello, además, debería de poner fin a la ruinosa competencia fiscal que impera en la UE, algo que mina las bases del Estado social y que sólo beneficia a las sociedades multinacionales.En fin, la UE necesita una Unión Social, una Unión Europea de los trabajadores. El modelo de Gobierno económico y social y el “Pacto por el Euro” implican la mayor ofensiva contra los pilares del modelo social europeo que se ha producido desde la creación de la Comunidad Europea. Para los trabajadores y sus organizaciones sindicales, que estuvieron entre las fuerzas más pro-europeas, la UE está pasando hoy de ser la solución a ser el problema. La desafección hacia la deriva que está tomando la construcción europea – aún manteniéndose mayoritariamente el deseo de unidad europea- es creciente. El Fondo Monetario Internacional, en documento de noviembre de 2010 - IMF Staff Position Note, “Lifting Euro Area Growth: Priorities for Structural Reforms and Governance”-, afirma que: “Las presiones de los mercados podrían conseguir lo que otras vías no han logrado. Cuando los países se enfrentan a situaciones de crisis profundas, las autoridades encuentran muchas veces la ocasión para llevar a cabo reformas consideradas como difíciles, como lo demuestran los ejemplos de Grecia o de España”. Los hechos han demostrado que tales advertencias no eran papel mojado. Si esa lógica continúa la legitimidad social del proyecto europeo se puede poner en cuestión, la conflictividad social puede alcanzar cotas imprevisibles y la crisis política también. Hace tiempo que comparto la idea que expresaba recientemente en la prensa diaria Juan Carlos Rodríguez Ibarra de que Zapatero debiera haber dimitido y convocado elecciones tras su vuelta de Davos, aduciendo que ni compartía la política que le querían imponer ni esa política era la que figuraba en el programa con el que había ganado las elecciones. Creo que si hubiera hecho eso le habría ido mejor al socialismo español, que al país no le hubiera ido peor y que, incluso con un Gobierno de otro partido, las contrarreformas que habría llevado a cabo bajo la presión de la UE y de las instituciones internacionales hubieran sido algo más mitigadas. Estimo, a mi vez, que cuanto antes Zapatero convoque las elecciones generales, mejor. Primero porque nos evitaremos que realice otras reformas que no nos salvan de nada. Como esta reforma de la negociación colectiva que estaría llamada a empeorar si se tramita en esta legislatura como Ley, lo que decaería si se convocan pronto elecciones. Segundo porque, como ha dicho Erkoreka, no creo que lo que haga el PP si llega al Gobierno y sigue las orientaciones del Consejo Europeo del 7.6.2011 – las mismas que han inspirado la reforma de la negociación colectiva y que plantean la rebaja de cotizaciones sociales, desvincular los salarios de los precios, presentar, en caso necesario, este próximo otoño una nueva reforma del mercado de trabajo – sea muy diferente a lo que ha hecho o seguiría haciendo el actual Gobierno. Y, finalmente, porque seguramente de esa manera tenga el PSOE menos desgaste y pueda cosechar un resultado más positivo del que le auguran las encuestas.
José María Zufiaur

domingo, 3 de julio de 2011

Por qué Grecia (y España) no se recuperarán


Vicenç Navarro

Veamos los datos, comenzando por las reglas que los bancos escribieron sobre las cuales se establecería la Eurozona. Estas reglas son las responsables de que Grecia nunca podrá (ni tampoco España) salir de la recesión a través de las políticas que se están siguiendo. Una fue que los Estados, al incorporarse al euro, perdieron el control sobre su propia moneda. Es decir, que en momentos de recesión (cuando la economía está estancada), el estado griego no puede devaluar la moneda y con ello poder abaratar sus productos y venderlos más fácilmente al exterior, recuperándose a base de ello. Suecia y Noruega, por cierto, se han recuperado de la recesión mucho mejor y más rápido que Finlandia, como consecuencia de que los dos primeros pudieron devaluar su moneda, lo cual no pudo hacer Finlandia al pertenecer al euro.El mayor problema que tiene la economía griega no es primordialmente de carácter económico o financiero. Es un problema político. Tiene que ver con el enorme poder que la banca ha tenido, y continúa teniendo, en la estructuración de la Unión Europea y de la Eurozona, así como en la génesis de la deuda pública de los países llamados despectivamente PIGS, cerdos en inglés, (Portugal, Irlanda, Grecia y España). Ahora bien, este poder de la banca ha contado con un gran aliado y cómplice: las clases más adineradas de los países de la Eurozona, incluyendo las de los países PIGS.

Otra regla es que, al integrarse al euro, los Estados dejaron de tener la potestad de imprimir dinero y establecer el precio del mismo. Cuando un país está en recesión, su Banco Central imprime dinero y/o abarata el precio del dinero, disminuyendo así los intereses bancarios, facilitando que tanto los ciudadanos como los empresarios puedan conseguir préstamos con los cuales consumir bienes y servicios e invertir, y así producir empleo y estimular la economía. Negarle al estado que tenga control sobre el crédito es imposibilitarle el poder estimular la economía. Una función de un Banco Central es, precisamente, la de garantizar el crédito, lo cual funcionó bien en la mayoría de países europeos hasta que llegó la moda neoliberal con el Presidente Reagan de EEUU y la Sra. Thatcher de Gran Bretaña, que hicieron creer a muchos gobiernos europeos que desregular el crédito era bueno para un país. El último caso que vimos fue Islandia, que conllevó un enorme problema, como también lo creó en los otros países que desregularon el crédito (que fueron la mayoría).

Y, por si fuera poco, la tercera regla era que un país no podía seguir políticas expansivas de gasto público. Es decir, un estado no podría gastar mucho para estimular la economía, pues el estado, según el criterio de Maastricht, no podía tener un déficit estatal mayor del 3% del PIB y una deuda publica mayor del 60% del PIB. Claro que el criterio no decía cómo debía bajarse el déficit para alcanzar el número mágico del 3%. Pero insistieron en que los estados bajaran los impuestos como manera de estimular la economía, considerando erróneamente que los ricos, que eran los máximos beneficiarios de los recortes de impuestos, consumirían más que ahorrarían (de hecho, invirtieron en sectores especulativos). Esta insistencia en que el estado bajara los impuestos no dejaba al estado otra alternativa que la de recortar el gasto público. Esto eliminó la posibilidad de que el estado pueda estimular la economía mediante, por ejemplo, inversiones en áreas de creación de empleo.

Estas tres reglas hacen muy difícil, casi imposible, para Grecia (y para España), salir de la crisis. En realidad, estas reglas fueron muy importantes para que la crisis se presentara en Grecia con la gravedad con laque se ha presentado.

¿QUÉ PASA EN GRECIA? LA ALIANZA DE LA BANCA CON LOS RICOS 

Una característica de Grecia, que comparte con España, es que ha estado gobernada por la ultraderecha por muchos años. La dictadura de los coroneles fue (como lo fue también la dictadura de los generales en España) una dictadura de los ricos en contra de las clases populares. Ello ha determinado que los ricos no tienen la costumbre de pagar impuestos. El fraude fiscal ha sido enorme, consecuencia de la laxitud del estado, que ha continuado controlado por los ricos durante la democracia que siguió a la dictadura. En 2010 sólo 15.000 griegos, de un total de once millones de ciudadanos, declararon al estado ingresos superiores a 100.000 euros al año, lo cual contrasta con la existente concentración de la riqueza y de las rentas, visible en los suburbios de las ciudades griegas. Se considera que casi la tercera parte de la renta nacional (la poseída por los ricos en su mayoría) no se declara.

Ello ha forzado al estado griego a endeudarse hasta la médula para pagar los gastos del estado (en infraestructura y en servicios públicos, así como en gastos militares que significan una carga muy importante en el presupuesto nacional). Esta deuda recoge también la deuda incurrida por los gobiernos militares, no elegidos democráticamente, y cuyo gasto militar lo tiene que pagar ahora el estado democrático. Éstas son las causas de que el estado griego tenga un problema de déficit del estado (12% del PIB) y de deuda pública, todavía mayor (150% del PIB). Pero esta realidad quedó, en parte, ocultada por el estado con la ayuda del banco Goldman Sachs. El diario alemán Der Spiegel descubrió las ocultaciones de las cuentas nacionales que el estado griego (gobernado por las derechas) había realizado con la complicidad de aquel banco estadounidense (que recibió un pago por ello de 800 millones de euros). Es imposible que la Comisión Europea (cuya mayoría son de partidos de derechas), no lo supiera. Por cierto, el que era Vicepresidente para Europa del banco Goldman Sachs, que realizó operaciones financieras con el gobierno conservador griego para ocultar la situación real del déficit público del estado griego, el Sr. Mario Draghi será el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, poniendo a la cabeza de este Banco (que es un lobby de la banca, en lugar de ser un Banco Central) a la persona que ayudó más al desfalco de las cuentas públicas del estado griego.

Cuando el gobierno socialista salió elegido descubrió estos problemas, indicando que el déficit y la deuda eran mucho mayores de lo que el gobierno conservador había indicado. El estado está enormemente endeudado. Los bancos alemanes y franceses, pero también los bancos griegos (donde los ricos griegos depositan su dinero) han comprado la deuda pública a unos intereses abusivos. Por cierto, la mal llamada ayuda a Grecia es para asegurarse que el estado griego pagará a tales bancos. Y la enorme austeridad impuesta a la población griega por parte del estado (77.000 millones de euros, de los cuales 28.000 millones serán en recortes de gasto público y 50.000 millones en privatizaciones del patrimonio nacional) es para poder pagar a los bancos.

EL EURO Y LA CRISIS

Este endeudamiento del estado griego es beneficioso para los bancos y también para los ricos que no pagan impuestos, forzando al estado a endeudarse aún más. Pero es también beneficioso para los ricos y para los bancos extranjeros, pues el estado se siente en la necesidad de privatizar sus propiedades (a unos precios irrisorios) con lo cual vemos una enorme demanda de euros por parte de bancos de inversión para comprar tales propiedades. En realidad, en contra de lo que constantemente se dice y se alarma, el euro está en muy buena salud (demasiado buena para los empresarios españoles que tienen problemas para exportar), y ello se debe a la enorme demanda de euros con los cuales se compra la privatización de los bienes públicos de Grecia (y de España). Véase el caso de las cajas de ahorros españolas, que se están vendiendo a unos precios muy bajos. Y todo ello con la ayuda del Estado. De ahí que las privatizaciones sean una estrategia impuesta por la banca a los países del euro como manera de conseguir la venta del patrimonio y servicios muy rentables de los países periféricos.

Vemos así como el enorme dominio de la banca explica que los estados periféricos estén estancados en su deuda sin poder salir de ella, lo cual no ocurre por incompetencia, sino por diseño, pues así consigue introducirse y conseguir mayor rentabilidad al comprar a precios muy bajos lo que antes era público. Cualquier lector de este artículo debiera indignarse. Por cierto, este artículo fue enviado a algunos de los medios de mayor difusión del país, ninguno de los cuales consideró oportuno publicarlo. Agradecería al lector que lo distribuyera lo más ampliamente posible.


Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

miércoles, 22 de junio de 2011

Razones del mal funcionamiento del sector financiero

Joseph E. Stiglitz (Premio Nobel de Economía)

Existen múltiples razones por las que el sector financiero ha funcionado tan mal, y tenemos que comprenderlas si queremos arreglar las cosas.

En primer lugar, los incentivos son importantes, pero existe una disparidad sistémica  entre las rentabilidades sociales y las privadas.  A menos que estén bien alineadas, el sistema de mercado no puede funcionar bien.

En segundo lugar, determinadas instituciones se hicieron demasiado grandes  para quebrar, y muy caras de salvar. Algunas de ellas demostraron también que son demasiado grandes para ser gestionadas. En palabras de Edward Liddy, que asumió  la dirección de AIG tras el rescate del Gobierno"Cuando respondí a la petición de ayuda y me incorporé a AIG en Septiembre de 2008, enseguida una cosa me pareció evidente:  la estructura de la empresa en su conjunto es demasiado compleja, demasiado ingobernable, y demasiado opaca para que se puedan gestionar bien sus empresas integrantes como una entidad".

En tercer lugar, los grandes bancos pasaron de la banca a secas a la titulización. La titulización tiene algunas virtudes, pero debe ser cuidadosamente gestionada, algo que no comprendieron ni los responsable del sistema financiero ni los desreguladores.

En cuarto lugar, los bancos comerciales intentaron imitar la pauta de alto riesgo-alta rentabilidad de las altas finanzas, la banca comercial acababa siendo aburrida. Cuando existía la posibilidad de ir al hipódromo, a Las Vegas o a Atlantic City. Allí uno sabe que existe la posibilidad de no recuperar el dinero que ha puesto. Cuando uno pone su dinero en el banco, no quiere ningún tipo de riesgo que hiciera peligrar que este no esté allí cuando lo necesite. Al parecer, demasiados banqueros comerciales padecieron "envidia de los hedge funds". Pero los hedge funds no tienen una aval del Gobierno; y los bancos comerciales sí lo tienen.Son negocios distintos, y a demasiados bancos comerciales se les olvidó este hecho.

En quinto lugar, demasiados banqueros olvidaron que deberían ser ciudadanos responsables. No deberían devorar a los más pobres y vulnerables. Los estadounidenses confiaban en que estos pilares de la comunidad tenían una conciencia moral.  En medio de la codicia que se apoderó del país, no había nada que estuviera prohibido, ni siquiera explotar a lo más débiles de nuestra sociedad.

sábado, 18 de junio de 2011

viernes, 10 de junio de 2011

Programa de estímulo para una economía en crisis

Joseph E. Stiglitz (Premio Nobel de economía  de 2001)


Un programa de estímulo para superar la crisis económica debería reflejar siete principios:

1 Debería ser rápido. el retraso del presidente George Bush resultó muy costoso. Las políticas económicas requieren meses para ser completamente efectivas. Por consiguiente, es imprescindible inyectar dinero dinero en la economía rápidamente.

2 Debería ser eficaz. La eficacia significa una gran impacto por cada dólar: cada dólar que se gaste debería dar lugar a un gran aumento del empleo y de la producción. La cantidad en la que se ve aumentada la renta nacional por cada dólar gastado se denomina multiplicador: en el análisis keynesiano estándar, un dólar de gasto público da lugar a más  de un dólar de aumento en la producción nacional.Si el Gobierno gasta dinero en un proyecto de construcción, los trabajadores gastarán, a continuación, su paga en comprar cosas, y otras personas gastarán su dinero. Cada etapa en la cadena aumenta la renta nacional, lo que hace que el incremento en la renta nacional sea mucho mayor que la cantidad inicial gastada por el Gobierno.
Como valor medio, el multiplicador a corto plazo plazo para la economía está en torno al 1,5. Si el Gobierno gasta mil millones de dólares ahora, el PIB de este año aumentará 1.500 millones de dólares. Los multiplicadores a largo plazo son mayores: algunos de los beneficios del gasto de hoy se dejan sentir el año próximo o incluso el siguiente; dado que la actual recesión probablemente lo sea de larga duración, los responsables de la política también deberían tener en cuenta los beneficios que se produzcan  dentro de dos o tres años.
No todo el gasto tiene el mismo multiplicador: gastar en contratistas extranjeros que trabajan en Irak tiene un multiplicador bajo, porque gran parte de su consumo se produce fuera de Estados Unidos; lo mismo ocurre con las reducciones de impuestos a los ricos, quienes son precisamente los que ahorran gran parte de lo que reciben. Un aumento en las prestaciones por desempleo tiene un alto multiplicador, porque quienes se encuentran repentinamente con una escasez de ingresos van a gastar casi hasta el ultimo dólar que reciban.

3 Debería afrontar los problemas del país a largo plazo. Un ahorro nacional bajo, unos enormes déficits comerciales, problemas financieros a largo plazo para la Seguridad Social y otros programas para la tercera edad, unas infraestructuras deterioradas, y el calentamiento global enturbian las perspectivas del país a largo plazo. Un estímulo eficaz debería tener estos factores como objetivo, o como mínimo, no empeorarlos.

4 Debería centrarse en la inversión. Un paquete de estímulo aumenta inevitablemente el déficit de un país, pero la deuda de un país mide sólo un lado del balance: lo que debe. Pero los activos son igual de importantes. Si el dinero de estímulo se invierte en activos que aumentan la productividad a largo plazo del país, éste estará en mejores condiciones a largo plazo  como consecuencia del estimulo, incluso aumentando la producción y el empleo a corto plazo. Esta preocupación por mejorar el balance es particularmente importante hoy en día, cuando Estados Unidos está pidiendo prestado tanto dinero en el extranjero. Si un país estimula la economía mediante el consumo financiado por deuda, el nivel de vida en el futuro será más bajo  cuando llegue el momento de devolver la deuda, o incluso  simplemente al pagar intereses por ella. Si un país estimula la economía mediante la inversión, la producción futura será mayor, con buenas inversiones,  en una cuantía más que suficiente para pagar los intereses. Esas inversiones no sólo mejoran el nivel de vida actual, sino que también mejoran el de la siguiente generación.

5 Debería ser justo. A los estadounidenses de clase media les ha ido mucho peor en los últimos años en comparación con las clases altas. Cualquier estímulo debería diseñarse teniendo esto presente. La equidad significa que las bajadas de impuestos del tipo que George Bush  aprobó en 2001 y 2003 que en su mayoría beneficiaban a los ricos, deberían quedar excluidas.

6 Debería afrontar las exigencias a corto plazo creadas por la crisis. En una recesión, los estados se quedan sin dinero, a menudo, y tiene que empezar a eliminar empleos. Los parados se quedan sin seguro de atención médica. La gente que tiene dificultades para conseguir pagar la hipoteca podría hundirse si pierde su trabajo o si alguien de su familia se pone enfermo.Un estímulo bien diseñado debería abordar tantas de estas cuestiones como sea posible.

7 El estímulo debería destinarse a las áreas de destrucción de empleo. Si es probable que la destrucción de empleo sea permanente, el estímulo debería dirigirse a formar a los trabajadores con la cualificación que necesitarán para su futuro empleo.

viernes, 27 de mayo de 2011

No he de callar por más que con el dedo...


Carlos Martínez García – ATTAC Andalucía.
Carta abierta a las cúpulas del PSOE:
La dirección socialista ha encontrado una formula mágica para justificar su debacle electoral: la Crisis. La crisis es la palabra talismán, pues derriba gobiernos, crea indignación… pero en el caso del Estado Español, el electorado del centro-izquierda ha dado la espalda a la socialdemocracia.
Pero no es tanto la crisis financiera “internacional” -es decir, de las potencias centrales y desarrolladas- sino la gestión de la crisis. La gestión de la crisis que han aplicado las dirigencias y gobiernos de carácter socioliberal ha consistido en aplicar a rajatabla medidas NEOLIBERALES. Sabiéndose como se sabe que la crisis la han provocado, en su fase actual, los banqueros y los fondos basura y especulativos, así como la burbuja inmobiliaria, en la que también están implicados los banqueros, nada de esto ha sido corregido y/o se han depurado responsabilidades.
Las clases populares han visto sus derechos y posibilidades recortadas. Se está transfiriendo, de forma escandalosa, rentas de las clases trabajadoras a la banca y la injusticia fiscal campa a sus anchas pues es sabido que, entre las SICAV y los Paraísos Fiscales, los ricos no pagan impuestos, pero exigen privatizaciones, recortes, libertad de despido…, no solo las políticas implementadas para superar la crisis no han sido socialdemócratas, es que no han sido ni siquiera keynesianas.
La Unión Europea que se está construyendo está alejada tanto del control democrático, como de la más mínima sensibilidad social y, cargándose el capitalismo renano, ha optado por el anglosajón, por la desregulación, la desprotección y, para colmo, el amparo al negocio de la deuda mediante rescates o la implantación de planes tipo FMI, semejantes a los que hace una década arruinaron a Argentina. Es decir, que los bancos privados saquen tajada de la deuda pública que, a falta de una auditoría, podemos señalar que en un gran porcentaje es privada.
Resumiendo, ¿acaso se podía pedir el voto tranquilamente a un o una huelguista del 29 de Septiembre, o a las y los manifestantes del 15 de Mayo?
Si el PSOE no cambia profundamente pronto alcanzará resultados similares a las históricas derrotas de sus homólogos europeos. El problema no son los candidatos, son las políticas y los programas. El problema es que las fuerzas transformadoras del siglo XXI comienzan a ser otras.
La ciudadanía ha hablado y a su manera a dicho no. Todo lo demás son excusas de mal pagador o ausencia de autocrítica de personas que viven en otro planeta.
Hay que refundar LA IZQUIERDA. Las izquierdas plurales y alternativas al neoliberalismo imperante solo podrán ser muy participativas, abiertas, populares y populistas, no dogmáticas, no sectarias y con un lenguaje y definición diferentes. Se necesita una carga de pensamiento basada en la reivindicación democrática participativa, el republicanismo y el cambio de paradigma económico, hacia lo verde y sustentable. Mientras tanto, hay que levantar y construir serias resistencias de las clases populares y hay que identificar claramente el enemigo, y éste es la banca, los poderes especulativos financieros, las grandes transnacionales y las ideas xenófobas, autoritarias y conservadoras de las derechas. El PP engaña, miente y es descaradamente neoliberal, pero en estas elecciones ha dicho lo contrario de lo que iba a realizar, y mucha gente, por hartazgo, cabreo o búsqueda de la seguridad que da ser lacayo de un rico, les ha votado.
Hace falta mucha pedagogía política y las izquierdas la han abandonado, si bien los movimientos cívicos -menos mal- la hemos recuperado.
La renovación de ideas progresistas, de izquierdas y transformadora, está pues ahora en las calles, los blogs y los sitios de la red. Si las cúpulas políticas que afirman no ser conservadoras nos ven como enemigos, es su problema, o bien que han cambiado de bando. Si nos intentan manipular ya han fracasado de antemano.
La liberación de los pueblos de las trabas del capital y la opresión está en sus manos, pero es que siempre ha sido así.
Lo que no se puede negar es que han aparecido nuevos actores políticos y esta realidad ha llegado para quedarse, porque los tiempos están cambiando.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La emergencia de una nueva izquierda

Antonio García Santesmases*
                                   Estamos en las primeras horas y las imágenes se agolpan y no somos capaces de digerir tantas noticias: triunfo espectacular del Partido Popular; gran resultado para Bildu; remontada de Izquierda Unida; supervivencia de Unión Progreso y Democracia; éxito de Álvarez Cascos en Asturias y. debacle, cataclismo, hundimiento del partido socialista. A partir de ahí se abren todas las interrogantes: ¿se mantiene el calendario previsto por el Presidente del Gobierno?; ¿es deseable agotar la legislatura?; ¿se abre un proceso de primarias?; ¿se va a un congreso extraordinario para investir al nuevo candidato?
                                       A lo largo de esta semana se irán despejando muchas de estas interrogantes pero ahora es el momento de realizar un primer balance. Un balance en el que, a pesar de lo catastrófico del resultado  para  los socialistas, creo, que no todo son malas noticias. Si tomamos alguna perspectiva lo podemos ver con mayor claridad. En primer lugar podemos estar en el camino para pensar que el terrorismo de Eta ha sido una  pesadilla,  una pesadilla que, por fin, pertenece al pasado. Son tantas las elecciones marcadas por los asesinatos: Francisco Tomás y Valiente, Fernando Múgica en el 96, Fernando Buesa en el 2.000, Isaias Herrero en el 2.008, el terrible atentado islamista en el 2.004.
                                Por ello la primera gran noticia es ésta. Hemos asistido  a unas elecciones, sin violencia, donde hemos escuchado voces que nunca habíamos escuchado y oído hablar de cosas que parecíamos haber olvidado.
                                En segundo lugar, a pesar de que  habíamos leído una y otra vez que la crisis no provocaba respuestas desde la izquierda, que nadie canalizaba el malestar, que  la crisis sólo propiciaba un crecimiento de las posiciones ultranacionalistas, xenófobas  y racistas, lo que ha ocurrido en estas elecciones es la emergencia de una Nueva Izquierda. Una Nueva izquierda  con la que la Socialdemocracia, quiera o no, tendrá que discutir, que dialogar, que negociar y que repartirse el espacio político y electoral. El precio a esta emergencia (no todo iban a ser buenas noticias) es la consolidación de un bloque de derechas extraordinariamente potente.
                                El que las elecciones se hayan realizado en un clima pacífico, sin violencia, sin coacciones, responde a dos  hechos dignos de ser subrayados: al carácter pacífico, no violento, del movimiento del 15 M y a la habilidad de la gestión de la crisis por parte de las autoridades del Ministerio del Interior. Es probable que todo el mundo  hoy lo piense, aunque no quieran reconocerlo.  Son  muchos de los que vociferaban pidiendo una rápida y contundente intervención policial; espero que se hayan dado cuenta de su error; y confío también en que, a la vista de los resultados, no tengan más remedio que reconocer que sólo a partir de teorías conspirativas, un punto alucinadas, cabía imaginar que era Rubalcaba el que estaba detrás de todo.
                          Todos corremos el peligro de sucumbir a nuestras alucinaciones y esto les ha ocurrido a muchos comentaristas de derechas que no han sido capaces de ver lo que estaba ocurriendo. Y lo que estaba ocurriendo era la aparición de un movimiento social que va a marcar por mucho tiempo la experiencia de  una nueva  generación que se hace presente en el espacio público. Si repasamos brevemente lo ocurrido lo podemos comprender mejor. La campaña comienza en un clima de polarización entre los dos grandes partidos, azuzada por la aparición de los dos ex Presidentes del Gobierno, que hablan de Eta, de Eta y de Eta: que vuelven a recordarnos el uno que Mayor Oreja no se enteraba de nada y el otro que hay que ganar para echar a Eta de las instituciones.
                              Que ante lo que estaba ocurriendo, ante lo que llevaba ocurriendo desde mayo del 2.010, el tema central de la campaña  fuera la capacidad que tenían  los ex Presidentes de gobierno para calentar a los adictos de ambas clientelas no era normal: Máxime cuando tales apariciones  tuvieron un complemento estelar  el 15 de mayor; ese día  fueron condecorados por el Alcalde de Madrid. Estábamos en plena reminiscencia del pasado, parecía que en España, a pesar de la crisis, nunca pasaba nada. De pronto aquella tarde, en plenos festejos de San Isidro y tras las condecoraciones matutinas, una masa de ciudadanos se lanza a la calle y demuestran tener una capacidad de convocatoria muy superior a la del Primero de mayo.
                           Tras el  éxito en la convocatoria  unos pocos  deciden acampa en la Puerta del Sol. Pienso que la cosa no hubiera llegado tan  lejos como  han llegado si  la Delegación del gobierno en Madrid, a instancias del Ayuntamiento, no hubiera forzado su desalojo. Lo ocurrido, a partir de entonces, todos lo conocemos: más y más gente apoya la concentración, las acampadas se multiplican por todo el país y trascienden nuestras fronteras, ocupando la atención de todos y colonizando la campaña electoral. Algo extraordinario ha roto la campaña pero, en esta ocasión, no ha sido ni un atentado terrorista de Eta, ni un atentado islamista.
                           Estamos ante un movimiento social, heterogéneo, complejo,  que incita a  una rebelión cívica  frente al dictado de los poderes económicos. Estamos ante una  rebelión cívica frente a la imposición de una economía que impone la restricción de los derechos sociales, la pérdida de las garantías laborales y  el final de las expectativas de una progresiva  mejora social  y de un  futuro digno.
                               Estamos ante un grito. Un grito que hasta ahora no habíamos oído. Un grito de una nueva generación que llama a la puerta porque observa  cómo se van cerrando las oportunidades, se van cercenando las esperanzas, se van imponiendo las restricciones. Es verdad que la proclama del movimiento, en principio, era apolítica, era  apartidista. Pero  al tener que ir concretando la propuesta, quedaba claro que iba a afectar mucho más a los votantes de la izquierda moderada: se estaba pidiendo una reconsideración del sistema  mientras iban apareciendo muchas de las reivindicaciones de la Izquierda radical: la separación Iglesia Estado; el apoyo a la memoria republicana; la defensa de los derechos sociales; la apuesta por una banca pública; la crítica a una Europa sometida a los dictados del capital. Los analistas se dan cuenta, inmediatamente, de que estos manifestantes no piden menos socialismo, están pidiendo más socialismo.
                    Emerge pues un movimiento que necesitará tiempo para encontrar una traducción política, que necesitará muchas mediaciones para combinar la espontaneidad con la propuesta, pero que nace de una experiencia que ha quedado grabada en  la base social de la izquierda: por más que los políticos intenten hacer otra cosa, al final  son doblegados. Por eso me permito recomendar al lector que al analizar las manifestaciones  complete la perspectiva  con la visión de la película Inside Job: Obama recurre al final, a  pesar de todas sus promesas, a muchos de los causantes del desastre de la economía norteamericana. Como le ha pasado en España a Zapatero. Los dos ejemplifican bien los límites de la política reformista.
                               Y ante esos límites una nueva generación quiere ampliar el espacio de lo posible. Quiere que sus deseos no se queden en pura retórica, quiere que se hagan realidad. ¿Es ello posible? Mucho tiempo habrá para pensarlo porque una de las consecuencias de la movilización es que,  por muchos que los acampados abominaran  del bipartidismo, las elecciones marcan un mundo lo más alejado del bipartidismo que pudiéramos imaginar. Un partido hegemónico de la derecha ha triunfado; tiene  un apoyo electoral impresionante y  por si  le hiciera falta, siempre contará con el  respaldo de CIU.  El  centro derecha, español y catalán,  irán limando  asperezas,  negociando acuerdos,  reavivando  los buenos- viejos tiempos del 96 al 2.000. Más de un medio de comunicación está por la labor de ayudarles en el empeño.
                          Frente al  bloque de poder a la  izquierda le espera un largo peregrinar.  Al igual de lo ocurrido en la Alemania de los años ochenta, a mayor crecimiento de la Izquierda alternativa, mayor hegemonía de la CDU. En Alemania la cosa duró desde el 82 al 98. Fueron muchos años, bien es cierto, que fueron años conformados por la caída del muro de Berlín. ¿Qué ocurrirá aquí?  En  España, después del 22 de mayo se dibujan dos mundos y dos universos. Una fuerte cultura de derechas liberal, conservadora, católica, que tiene grandes diferencias en su concepción de la nación pero que tiene grandes coincidencias en las medidas empresariales, fiscales y  laborales que hay que desarrollar. Frente a ese bloque hegemónico una socialdemocracia que sabe que, a partir de ahora, el voto útil no funciona para la nueva generación, que sabe que los afectos y los agravios  se han agrandado porque unos piensan que estos manifestantes no se dan cuenta, no comprenden que no se  puede hacer otra cosa, que bastante se ha logrado evitando lo peor. Pero los otros precisamente de lo que  están hartos es  del mal menor  y  consideran que ha llegado la hora de decir Basta.
                           W. Brandt lo veía con claridad  Unos optaban por congelar la situación y otros osaban más democracia. La socialdemocracia se quedó en medio y allí siguió durante muchos años. Unos querían soñar el futuro y otros gestionaban el presente. La socialdemocracia estaba en medio, quería aunar las dos cosas pero no supo, no pudo, había perdido las habilidades y la cosa duró una generación. Esperemos que aquí no ocurra lo mismo.
*Antonio García Santesmases es Catedrático de Filosofía Política de la UNED y miembro de Izquierda Socialista-PSOE

lunes, 18 de abril de 2011

La política de empleo es lo que importa

Antón Saracíbar


LA POLÍTICA DE EMPLEO ES LO QUE IMPORTA
La política seguida por el gobierno para combatir la crisis económica, y su repercusión negativa en las encuestas, ha sido determinante en la decisión de Zapatero de renunciar a presentarse como candidato del PSOE en las próximas elecciones generales previstas para el próximo año (resulta poco creíble que diga que ya lo había decidido con antelación).
La decisión tomada no significa que el PSOE recupere automáticamente espacio electoral, tanto en las elecciones de mayo como en las futuras elecciones generales (el último cambio de gobierno, a pesar de las expectativas suscitadas, no consiguió mejorar las encuestas); sin embargo, resulta evidente que se abren nuevas posibilidades ante la pobre imagen del candidato del principal partido de la oposición. Tampoco significa que el debate político abandone la lucha partidaria, a no ser que en las primarias se presente sólo un único candidato (Rubalcaba podría ser lo más razonable, como alternativa transitoria), lo que facilitaría adentrarse en el terreno de las propuestas una vez resuelta la incógnita de la presentación de Zapatero a las elecciones generales. En todo caso, no podemos olvidar que, finalmente, el PSOE deberá celebrar su congreso ordinario después de celebradas las elecciones generales (marzo del año que viene) para elegir a su nuevo secretario general, que difícilmente será Zapatero si se repite la experiencia de unificar la figura del candidato con la secretaría general del partido.

A pesar de esta dinámica partidaria, lo importante en la situación actual no son las personas; lo importante es el debate sobre la política que se ha seguido hasta ahora (autocrítica) y la que se va a desarrollar de aquí en adelante (por el momento el comité federal del PSOE no se ha pronunciado en este sentido). 

El electorado no perdona que un partido de izquierdas- sin contrapartidas para los que están sufriendo las consecuencias más severas de la crisis- ponga en práctica (aunque sea presionado por la UE y los mercados) políticas neoliberales- renunciando a las ideas socialdemócratas- en contradicción con su ideología: reforma laboral (desregula y abarata el despido), contestada por los sindicatos con una huelga general; reducción de las retribuciones de los funcionarios; congelación de las pensiones actuales; recorte de las pensiones futuras y de prestaciones sociales; y fuerte caída de la inversión pública en diversos capítulos presupuestarios, entre otras medidas. Todo ello sin ningún resultado positivo para el empleo y la contratación indefinida, como se está demostrando, a pesar de que el empleo es lo que ha justificado la actual política de reformas exigidas por la UE, como se contempla en la exposición de motivos de la reforma laboral. Estas políticas, además, se han puesto en práctica de una manera indiscriminada y sin tener en cuenta, en nuestro caso, que el desempleo duplica la media de la UE y que, por lo tanto, resultan contraproducentes para el crecimiento y el empleo. La reciente subida de los tipos de interés por el Banco Central Europeo complicará aún más las cosas y retrasará la salida de la crisis por sus efectos negativos sobre el crecimiento.

Efectivamente, los últimos datos de paro registrado en las oficinas de empleo en el mes de marzo (4,3 millones de desempleados) y los de la última EPA (4,7 millones) han alcanzado cotas desconocidas en democracia, lo que agudiza el problema social que está suscitando la crisis. En términos políticos, la situación afecta muy negativamente al gobierno porque los ciudadanos no van a visualizar la salida de la crisis si no es a través de la creación de empleo y éste sólo se producirá con una economía que crezca por encima del 2 % y que tire de la demanda, como así lo reconoce hasta el propio Banco de España. Por lo tanto, el desempleo no se va a reducir antes de las próximas elecciones generales; entre otras razones, porque con esta política económica resulta imposible a corto y medio plazo hacerlo de manera significativa, como se reconoce en las últimas previsiones del gobierno socialista (el crecimiento alcanzará el 1,3% del PIB y el desempleo el 19,8% en el presente año).

Ante esta situación, la pregunta que se hacen muchos ciudadanos es: Qué política económica defenderá el PSOE en las próximas elecciones generales ¿Será continuista, o entrará en contradicción con la política actual? Ese es el debate.

En cualquier caso, los ciudadanos no aceptan el argumento que se esgrime con frecuencia de que la derecha política (PP) aplicará un ajuste más duro; eso importa poco a los electores porque no esperan otra cosa del PP. Tampoco la experiencia de Cameron en Inglaterra, por las mismas razones, se tendrá suficientemente en cuenta, a pesar de que puede reflejar exactamente lo que ocurra si finalmente gobierna el PP.

En todo caso, en las circunstancias actuales lo primero que debe hacer una política de empleo es resolver a corto plazo el problema que representa la falta de crédito a familias y empresas. Por lo tanto, la reforma del sector financiero (no afecta sólo a las cajas de ahorro) resulta urgente y esa es una competencia del gobierno… y del Banco de España que se ha mostrado inoperante hasta el momento. Efectivamente, el conjunto del sector financiero se ha visto impactado en negativo por el inmovilizado del ladrillo (en manos de los bancos y cajas de ahorro en buena medida), que se ha producido después de años de crédito fácil, barato y especulativo. Para resolver este problema, la vivienda debe todavía bajar más y para ello hay que exigir a los bancos que provisionen en función de su morosidad real para que el mercado se muestre más activo en la venta de terrenos e inmuebles, al comprobar los bancos que les resulta más rentable deshacer sus posiciones que mantener las inversiones fallidas en sus balances. En todo caso, el gobierno debe explorar todas las alternativas posibles para acelerar la venta de inmuebles o, en su caso, potenciar el alquiler, lo que además redundará en una política de vivienda más eficaz para los jóvenes.

Otro asunto olvidado se refiere a la política fiscal por su fuerte repercusión en la inversión pública y el empleo. Hasta ahora no se ha llevado a cabo ningún guiño hacia la izquierda en fiscalidad que equilibre el reparto del costo de la crisis. El gobierno debe considerar la progresividad fiscal exigiendo un mayor esfuerzo a los que más tienen y a los que más dinero ganan (los bancos siguen repartiendo altos dividendos en medio de la crisis). La lucha contra el fraude fiscal debe ir más lejos de lo que pretende el gobierno con la campaña encaminada a erradicar la economía sumergida. Debemos recordar que las cantidades que se barajan por los técnicos del ministerio de hacienda (GESTHA) sobre fraude fiscal son impresionantes: 23,3% del PIB, lo que representa unos 245.000 millones de euros anuales, 10 puntos por encima de los países de nuestro entorno (la recaudación por la aplicación de medidas eficaces para atajar la economía sumergida, ya permitiría ingresar en torno a 38.500 millones de euros). Sólo falta voluntad política para abordar este problema. Además, ello debe ser compatible con la recuperación de impuestos (patrimonio) y la erradicación de los paraísos fiscales, el freno a los abusos de las agencias de calificación de riesgo, y el impuesto a las transacciones financieras en el marco de la globalización.

También hay que impulsar la reforma de las políticas activas de empleo y hacer que las oficinas públicas de empleo operen en términos reales en la intermediación del mercado de trabajo, no sólo como simples pagadores de la prestación por desempleo. En este sentido, hay que impulsar la intermediación y la coordinación de las oficinas públicas de empleo en la búsqueda de nuevos yacimientos de empleo: por ejemplo los relacionados con las personas dependientes, la educación infantil, y los empleos verdes (medioambientales) que nos sitúen cerca de los países más avanzados de la UE.

Finalmente, una política de empleo debe abordar el cambio de nuestro modelo productivo a medio y largo plazo y en este sentido tenemos que trabajar con urgencia por su comprobada influencia en una economía sostenible. En nuestro país tenemos ejemplos sobrados de territorios con comportamientos diferenciados en relación con el modelo productivo (País Vasco y Navarra en torno al 11% de desempleo y una economía diversificada y por otra parte Andalucía y Canarias, por encima del 28%, con una economía muy dependiente del turismo, la construcción y el sector servicios). Esto se repite también si comparamos a España con otros países de la UE. Por eso hay que diversificar la economía y apostar por la educación, la investigación, la innovación, y la tecnología, así como por productos de gran valor añadido y sectores emergentes: Energías renovables, medio ambiente, coche eléctrico, alta velocidad, rehabilitación de inmuebles… si queremos ser competitivos en un mundo globalizado. 

Tenemos un problema grave con el desempleo. Por eso no podemos perder el tiempo en debates partidarios, aunque éstos sean importantes. Lo que verdaderamente transciende a la opinión pública es la política que se realice con el propósito de salir rápidamente de la crisis. Lo ciudadanos exigen también una política más justa y redistributiva que supere las desigualdades sociales y evite el avance de la pobreza. En este sentido esperan una mayor eficacia en la creación de empleo, lo que resulta fundamental, sobre todo para los jóvenes (42% de desempleo) que no tienen ninguna expectativa de futuro, como no sea la emigración a otros países. Hasta ahora no han tenido más respuesta que conceptos que se repiten sistemáticamente: eliminar (derechos), reformar, recortar, ajustar, rebajar… para contentar a los mercados. Resulta extraño que en estos momentos no se abra un debate nacional sobre las políticas que nos ayuden a crear empleo, evitando así el despilfarro de tener a miles y miles de jóvenes en paro- que además muchos son parados de larga duración y no tienen prestación por desempleo -con el consiguiente problema social que ello genera. También extraña que los más perjudicados por la crisis no protesten mostrando su indignación en la actual situación, aunque todo indica que algo se está moviendo en el seno de la UE. 

A pesar de lo dramático que resultan los datos del paro, el poder institucional- con escaso contacto con la realidad social, como se ha podido comprobar en el parlamento europeo en el debate sobre los desplazamientos aéreos en clase preferente, o en las declaraciones del ministro de trabajo pidiendo moderación salarial para los próximos 10 años, sin mención expresa a las desorbitadas retribuciones de los altos ejecutivos - sigue más preocupado por el déficit y la deuda pública, y por cómo reducir el diferencial que nos separa de la deuda alemana, sin analizar las consecuencias que tiene la brutal política de ajuste de la UE para el empleo. La realidad es muy tozuda y todo indica que el gobierno ha perdido la iniciativa y, lo que es más grave, da la sensación- sin apoyos en la UE- que ha dado por perdida la batalla por el empleo. Ello puede explicar lo que está ocurriendo y dota de contenido al eslogan: “Otra política es posible”.
Antón Saracíbar

domingo, 10 de abril de 2011

Apostar el planeta


Joseph Stiglitz*


DUBAI - Las consecuencias del terremoto de Japón - especialmente la actual crisis en la central nuclear de Fukushima – traen recuerdos sombríos para los observadores de la crisis financiera estadounidense que precipitó la Gran Recesión. Ambos acontecimientos ofrecen duras lecciones sobre los riesgos y sobre lo mal que pueden manejarlos los mercados y las sociedades.

Naturalmente, en cierto sentido no hay comparación entre la tragedia provocada por el terremoto - que ha dejado más de 25,000 personas muertas o desaparecidas - y la crisis financiera, a la que no se puede atribuir un sufrimiento físico tan agudo. Pero cuando se trata de la fusión del reactor nuclear en Fukushima, los dos acontecimientos tienen algo en común.
Los expertos tanto de la industria nuclear como de las finanzas nos aseguraron que la nueva tecnología había eliminado prácticamente el riesgo de una catástrofe. Los hechos demostraron que estaban equivocados: no sólo existían los riesgos, sino que sus consecuencias fueron tan grandes que eliminaron fácilmente todos los supuestos beneficios de los sistemas que los líderes de la industria promovían.
Antes de la Gran Recesión, los gurús económicos de los Estados Unidos - desde el director de la Reserva Federal hasta los gigantes de las finanzas - se jactaban de que habíamos aprendido a dominar los riesgos. Mediante instrumentos financieros innovadores como los derivados y los swaps de incumplimiento crediticio se había logrado distribuir el riesgo en toda la economía. Ahora sabemos que no sólo engañaron al resto de la sociedad, sino que incluso se engañaron ellos mismos.
Resultó que estos magos de las finanzas no entendieron las complejidades del riesgo, por no hablar de los peligros que plantean las "distribuciones de cola ancha" –un término estadístico que se refiere a situaciones raras que tienen consecuencias enormes, y a las que a veces se llama "cisnes negros". Eventos que supuestamente suceden una vez en un siglo - o incluso una vez en la vida del universo - parecían ocurrir cada diez años. Peor aún, no sólo se subestimó enormemente la frecuencia de estos acontecimientos, sino también el daño desmesurado que causarían – más o menos como las fusiones que siguen agobiando a la industria nuclear.
Las investigaciones económicas y psicológicas nos ayudan a entender por qué gestionamos tan mal estos riesgos. Tenemos pocas bases empíricas para juzgar los acontecimientos raros, por lo que es difícil hacer estimaciones acertadas. En tales circunstancias, no sólo empezamos a pensar lo que queremos, sino que puede ser que tengamos pocos incentivos para pensar en absoluto. Por el contrario, cuando los demás cargan con los costos de los errores, los incentivos favorecen el autoengaño. Un sistema que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo.
En efecto, todo el sector financiero estaba plagado de problemas con las agencias y las externalidades. Las agencias de calificación tenían incentivos para dar buenas calificaciones a los títulos de alto riesgo que producían los bancos de inversión que les pagaban. Los creadores de las hipotecas no cargaban con las consecuencias de su irresponsabilidad, e incluso quienes se dedicaron a dar préstamos abusivos o crearon y comercializaron valores diseñados para perder, lo hicieron de manera que quedaron protegidos de acusaciones civiles y penales.
Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿están a punto de ocurrir otros "cisnes negros"? Desafortunadamente, es probable que algunos de los riesgos realmente grandes a los que nos enfrentamos hoy en día ni siquiera sean eventos raros. Lo bueno es que esos riesgos se pueden controlar con poco o ningún costo. Lo malo es que hay una fuerte oposición política para hacerlo, porque hay personas que se benefician del statu quo.
En los últimos años hemos visto dos de los grandes riesgos, pero hemos hecho poco para controlarlos. Según algunas personas, la forma en que se manejó la última crisis puede haber aumentado el riesgo de un colapso financiero en el futuro.
Los bancos demasiado grandes para quebrar y los mercados en los que participan saben ahora que pueden esperar rescates si tienen problemas. Como resultado de este "riesgo moral", esos bancos pueden pedir créditos en condiciones favorables, lo que les da una ventaja competitiva que no se basa en un rendimiento superior, sino en la fuerza política. Si bien se han frenado algunos de los excesos que se cometían al asumir riesgos, los préstamos abusivos y las operaciones no reguladas de oscuros derivados extrabursátiles continúan. Las estructuras de incentivos que fomentan la toma de riesgos excesivos se mantienen prácticamente sin ningún cambio.
De la misma forma, mientras que Alemania ha cerrado sus reactores nucleares más viejos, en los Estados Unidos y otros lugares incluso las plantas que tienen los mismos defectos de diseño que la de Fukushima siguen operando. La existencia misma de la industria nuclear depende de subsidios públicos ocultos – los costos que paga la sociedad en caso de desastres nucleares, así como los costos de la eliminación de los residuos radiactivos que aún no se aborda. ¡Viva el capitalismo sin restricciones!
Para el planeta hay un riesgo adicional que, al igual que los otros dos, es casi una certeza: el calentamiento global y el cambio climático. Si hubiera otros planetas a los que pudiéramos irnos a bajo costo en el caso de que ocurriera el resultado casi seguro que prevén los científicos, se podría argumentar que se trata de un riesgo que vale la pena tomar. Pero no los hay, por lo que no lo es.
Los costos de reducir las emisiones palidecen en comparación con los posibles riesgos a que se enfrenta el mundo. Y eso se aplica incluso si descartamos la opción nuclear (cuyos costos siempre se subestimaron). Ciertamente las industrias del carbón y del petróleo resultarían perjudicadas, y obviamente los países que son los grandes contaminadores - como los Estados Unidos -  pagarían un precio más alto que los que tienen un estilo de vida menos derrochador.
A final de cuentas, quienes apuestan en Las Vegas pierden más de lo que ganan. Como sociedad, estamos apostando - con nuestros grandes bancos, con nuestras instalaciones de energía nuclear, con nuestro planeta. Al igual que en Las Vegas, los pocos afortunados - los banqueros que ponen en peligro nuestra economía y los propietarios de las empresas de energía que ponen en riesgo nuestro planeta - pueden ganar mucho dinero. Pero en promedio, y casi con seguridad, nosotros como sociedad, al igual que todos los jugadores, vamos a perder.
Por desgracia, esa es una lección que se desprende del desastre de Japón que seguimos ignorando por nuestra cuenta y riesgo.
*Joseph E. Stiglitz es catedrático de la Universidad de Columbia y ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía. Su libro más reciente esFreefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy, que ahora está disponible en francés, alemán, japonés y español.

jueves, 7 de abril de 2011

Hacia el poder ciudadano

Carlos Martínez- Presidente de Attac España

El poder ciudadano, es lo único que puede hacer cambiar la solución neoliberal a la crisis económica y social que vivimos y sufrimos. La terapia de shock que se nos está aplicando en la vieja Europa, en el estado español, así como por medio del alarmante Pacto del Euro, que se nos viene encima cual una losa, que entiendo solo puede ser parado o reconducido, si la ciudadanía toma conciencia de su poder.

La Unión Europea, gracias a su opaca gobernanza, está imponiendo cada vez más recortes sociales y privatizaciones de sectores y servicios públicos. Estamos viviendo un proceso de destrucción del estado, una especie de anarquismo derechista y ultra liberal de una virulencia nunca vista desde finales del siglo XIX.
Europa que actualmente solo puede ofrecer al mundo su estado social, está aplicándose con denuedo en destruirlo. Europa que se presenta como paradigma de la democracia en el mundo, es realidad una especie de gran empresa privada sometida al poder de los grandes consejos de administración de bancos y transnacionales. La Unión Europea, tiene un Parlamento sin competencias y un ejecutivo que es el legislativo a la vez. En Europa no existe una libertad de prensa real, pues todos los grandes medios son propiedad de empresas y bancos e informan o más bien desinforman según sus intereses.
El único reducto de libertad informativa que queda, la red, está cada vez más controlada y mediatizada.
Los gobiernos europeos empezando por el español, han encontrado la excusa perfecta, cuando se trata de imponer sus medidas más impopulares y es que la UE les obliga, cuando la realidad es que las decisiones las toman los gobiernos, todos ellos a través del Consejo Europeo y de un Colegio de Comisarios, que los mismos gobiernos nombran, mediante un reparto por Estados, que deja en evidencia aún más el deseo de zafarse de los gobiernos cuando éstos, los y las comisarías imponen sus medidas siempre restrictivas, siempre privatizadoras, siempre a favor de los poderosos.
Pretendemos dar lecciones al resto del mundo, cuando uno de los estados con una historia de la más rica del continente y cuna del humanismo occidental, lo gobierna un bufón multimillonario y fascistón. Cuando varios países europeos aún se rigen por los restos del medioevo, mediante monarquías hereditarias, conservadoras y que a pesar del bulo de que reinan pero no gobiernan participan en el control del mundo a través de estructuras opacas y antidemocráticas como el club Bildelberg.
Europa es el paradigma de la Dictadura de los Mercados. En el reino de España, el poder de la banca y de ciertos banqueros les lleva incluso a dictar la política y decir lo que es bueno o no para su España, pues de ellos es. El poder antidemocrático de la Banca en el Estado Español esta consolidado desde mediados del siglo XIX y gobierne quien gobierne, la oligarquía financiera española extiende sus tentáculos e influencia y soporta o no regimenes y gobiernos según sus intereses.
Solo un intento de ventilar este aire enrarecido de incienso, oro, plutocracia rentista y estiércol de cuadras reales, durante la II República Española, fue ahogado en sangre, años del hambre, pan y fútbol.
Pero el 14 de abril de 1931 nos dejó un legado de ideas laicas, democráticas e igualitarias que hay que rescatar. Un discurso tan inteligente como populista que todo el mundo entendía y hay que recuperar y sobre todo una convicción de ser ciudadanas y ciudadanos, no súbditos. Fue el momento de oro de la Soberanía Popular.
Así pues entiendo que para construir la alternativa social a la crisis que el nefasto capitalismo, versión casino neoliberal, que los ricos y poderosos nos han impuesto, es imprescindible construir la alternativa democrática y nos queda muy poco tiempo para ello.
Están surgiendo de forma espontánea llamamientos cívicos y populares. Hay mucha gente cabreada, buscando algo. La solución no es aupar a la derechona, ni hacer caso de los parafascistas y autoritarios de “Intereconomía” etc. etc. No, la solución es que las ciudadanas y los ciudadanos seamos conscientes de nuestro poder y reclamemos el fin de los recortes sociales; que la crisis la paguen los que la han generado y el fin de la dictadura de los mercados.
Nuestro país de países, ha sido maltratado por una destructiva burbuja inmobiliaria que generó un empleo falso y temporal, ahora destruido con la misma facilidad que se creó. Tan mal tratado como nuestras costas. Ahora los bancos y los financieros que causaron tanto maltrato ambiental, que provocaron tanta corrupción política y social, tratan no solo de seguir imponiendo su voluntad, sino que paguemos nosotros sus pérdidas de juego, su bancarrota de casino. Nos están robando la cartera, mientras miramos la tele o pensamos que aún vivimos en un mundo rico y feliz.
Toda esta situación solo la puede invertir la ciudadanía consciente de su poder y deseosa de vivir con sencillez y felicidad, con frugalidad y dignidad, con amor y tranquilidad, pero para ello, antes debemos dejar de ser súbditos y volver a ser ciudadanas y ciudadanos. Construir el Poder Ciudadano, ese es ahora en mi opinión el principal objetivo