martes, 29 de marzo de 2011

El "rescate" a Portugal (por Juan Torres López)




Otra vez el engaño de los rescates: ¿Ahora Portugal?

Juan Torres López
En otros artículos referidos al caso español traté de poner de relieve que cuando se habla de “rescatar” a un país se produce un gran engaño que es imprescindible tratar de desvelar.Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC.

Ahora ocurre lo mismo con Portugal cuando las autoridades europeas y los llamados “mercados”, en realidad los grandes grupos financieros y empresariales, insisten para que el gobierno portugués solicite que su país sea “rescatado”.
Generalmente, cuando se habla de “rescatar” a un país se parte de una situación real y de gravedad que suele manifestarse en un gran endeudamiento que dificulta o impide hacer frente a los compromisos de pago adquiridos. Sin embargo, cuando esto ocurre se produce un engaño muy bien orquestado en relación con las razones, los problemas, las soluciones y los efectos de la operación que se desea llevar a cabo.
El primer engaño suele darse sobre la naturaleza de los problemas que padece el país al que se dice que hay que “rescatar”. Ahora, como en los caso griego o irlandés recientes, se afirma que Portugal tiene un grave endeudamiento público derivado del crecimiento desbordado de sus gastos que le obliga a recurrir a un cuantioso préstamo para liquidar con él sus deudas. No es del todo cierto, como señalaré enseguida.
El segundo engaño se deriva del anterior. Para que el “rescate” sea útil se afirma que debe ir acompañado de medidas que resuelvan el problema que originó la situación que se quiere resolver y que, por tanto, deben consistir, principalmente en recortar el gasto. En consecuencia, los que dan el préstamo para “rescatar” al país, en este caso Portugal, imponen políticas consistentes en recortar cualquier tipo de gasto público y en especial el que está vinculado con las actividades que dicen que el sector privado puede llevar a cabo más eficazmente, es decir, con los servicios públicos (otro engaño más porque no es seguro que lo haga mejor y sin embargo es inevitable que el capital privado lo proporcione más caro y a menos población), o el que se considera improductivo, como el sueldo de los funcionarios, por ejemplo.
Al mismo tiempo se engaña también afirmando que el resultado del rescate será el mayor incremento de la actividad y de la creación de empleo y que, por tanto, gracias a él las aguas de la economía volverán a su cauce anterior e incluso a un nivel mucho más satisfactorio de rendimiento económico.
Desde que en los años ochenta se empezaron a producir “rescates” en economías de América Latina hemos podido ver cómo acaban este tipo de operaciones (con menos actividad, empleo y desigualdad y con más pobreza) y analizando la situación de los países que han sido o que van a ser “rescatados” podemos comprobar sin demasiada dificultad la naturaleza de este engaño.
Los problemas económicos que tiene Portugal no son exactamente el resultado de que haya habido mucho gasto público, de endeudamiento público. Es verdad que el déficit ha aumentado mucho en los dos últimos años pero eso se ha producido como consecuencia de la crisis que han provocado los bancos y de que se haya impuesto una respuesta a ella basada justamente en salvarlos a costa de un precio extraordinariamente alto. De hecho, el gobierno portugués, siguiendo directrices y ejemplos europeos y la presión de los propios poderes financieros, llegó a nacionalizar bancos en operaciones que le costaron muy caro.
Pero ni siquiera eso es lo que provoca los problemas más agudos de la economía portuguesa. Su problema más grave no es el endeudamiento público sino el exterior y éste se viene produciendo en los últimos años no precisamente porque haya habido despilfarro público sino como consecuencia de las políticas neoliberales que han destruido su riqueza productiva, su industria y agricultura y que le han cercenado las fuentes de generación de ingresos ya de por sí débiles. Como en tantos otros países, han sido estas políticas generadoras de escasez en aras de salvar el beneficio de los grandes grupos oligárquicos y que han obligado a Portugal a vender sus mejores activos productivos al capital extranjero, las que han destruido tejido industrial y producción agraria y las que así han provocado un debilitamiento de su capacidad de crear empuje económico, de su competitividad y, como consecuencia de ello, el incremento de la deuda exterior.
La realidad es que las políticas neoliberales auspiciadas por la Unión Europea han significado un corsé letal para la economía portuguesa y que han ido produciendo en los últimos años un incremento del desempleo y de la pobreza que se ha tratado de disimular, entre otras medios, gracias a que el dominio de los grandes medios de comunicación está cada vez más en manos de esos mismos capitales extranjeros.
Y cuando la crisis ha estallado y cuando el gobierno ha asumido la carga extraordinaria del salvamento bancario, así como cuando ha sufrido mayor merma de ingresos y aumento de gasto para evitar el colapso de la economía, es cuando la situación se ha hecho ya insostenible.
Por tanto, es mentira que el “rescate” sea obligado porque la economía portuguesa sufra debido al endeudamiento público. Si se viene encontrando cada vez más debilitada es por otro tipo de razones.
Y aquí viene otro engaño especialmente peligroso. Las medidas que necesita Portugal para salvar su economía no son las encaminadas a reducir el gasto sino a cambiar el tipo de políticas que le vienen ocasionando pérdida de ingresos, de actividad y de empleo y una desigualdad cada vez mayor, que ha hecho que las rentas en aumento de las clases ricas se hayan dedicado a la inversión financiera o inmobiliaria especulativas que han dado grandes beneficios a bancos también extranjeros, entre los que destacan los españoles, pero que han acumulado mucho riesgo y ha creado una base cada vez más volátil y débil para la economía portuguesa, como ahora se puede comprobar.
El siguiente engaño tiene que ver con los efectos benéficos que dicen que tendría el “rescate”.
En contra de lo que afirman los voceros de los grandes grupos financieros que lo desean, si a los problemas reales que acabo de mencionar se añade ahora, como quieren los que se disponen a “rescatar” a Portugal, recortes en el gasto, disminuciones de salarios y en general políticas que van a producir disminución de la demanda, lo que ocurrirá será que la economía portuguesa se encontrará aún peor porque todo ello solo va a provocar una caída del consumo, de la inversión y del mercado internos y, por tanto, menos actividad y menos empleo.
La realidad es que el “rescate” de Portugal, tal y como se daría allí siguiendo la línea de otros tantos anteriores (un préstamo muy cuantioso para que Portugal pague las deudas acompañado de medidas restrictivas y de recorte de derechos sociales y de gasto) no va a salvar a su economía. Es mentira que este tipo de operaciones rescaten a los países. Esto es solo un último y definitivo engaño: de lo que se trata no es de salvar o rescatar a un país sino a los bancos, principalmente, y a los grupos más ricos y poderosos, puesto que lo que se hace con el rescate es poner dinero para que ellos cobren sus deudas y obligar a que la sociedad cargue con la factura de la operación durante años.
Tan cierto es esto que resulta fácil y patético comprobar que son precisamente estos grupos financieros y las autoridades europeas que le sirven los que se empeñan en convencer a las portuguesas de que soliciten el “rescate”, una buena prueba de quiénes son de verdad los que se beneficiarán de él.
Y esto pone sobre la mesa una última cuestión. Un engaño no menos importante. Quizá el peor. El que tiene que ver con el tipo de régimen político en el que vivimos y en el que los electores, los ciudadanos, no podemos decidir realmente sobre las cuestiones económicas.
Lo llaman democracia pero a la vista de lo que viene sucediendo está cada vez más claro que no lo es porque se nos ha hurtado la posibilidad de decidir sobre las cuestiones económicas que evidentemente son una parte central de las que directamente afectan a nuestra vida. Y es justamente por ello que hemos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para tratar de cambiarlos. Eso sí que sería un verdadero rescate. Lo demás es otro robo.
Artículo publicado en Cuarto Poder

jueves, 24 de marzo de 2011

miércoles, 23 de marzo de 2011

Adioses generacionales

Gregorio Morán

¿Cómo se escribe en frío tras la muerte de un amigo? Lo pensé cuando supe que Enrique Curiel acababa de morir. Y entonces sólo era uno. Luego fueron dos. No son golpes, es otra cosa. A partir de una determinada edad se convive con la muerte por vecindad biográfica y empiezas a sentir los huecos, los vacíos, eso que literariamente llamaríamos “los nichos de la memoria”; lugares donde apenas nadie, salvo tú mismo, puede entrar. Y no puedes esquivarlo, lo único que puedes hacer es tomarte tu tiempo para cumplir con la ceremonia de los adioses, sin enredar al muerto ni engañar a los vivos.

La muerte de Enrique Curiel me ha afectado mucho. Leí las necrológicas con una mueca de desdén; me hubiera gustado que las leyéramos juntos, él y yo, y alguno más también. Podrá parecer una salida sarcástica, pero a mí me gustaría leer mis necrológicas, alguna saldrá, y hacerlo con la gente que estimo, para echar la última risa, fumar el último puro y beber la última copa… y no levantarse más. ¿Acaso habría ocasión mejor para hacer el último corte de manga al pasado que leer ese breviario de la memoria, que resume una vida en treinta líneas y una foto?

¿Cómo explicar quién era Enrique Curiel a una generación que no es la mía? Para entendernos por exclusiones: fue en la política lo contrario de Pepiño Blanco, por eso me impresionó la necrológica que le dedicó este inefable subproducto de la política profesional, cuando inicia su elogio de Curiel con una entrada digna de Eugenio Montes, otro gallego: “Hay días en los que uno se levanta y se encuentra de frente con la historia”. Al leerlo entendí por qué alguien dijo que el estilo era el hombre. Es verdad que Enrique vivió la historia siempre desde el embozo de la sábana, allá donde se recoge el cuello y se aposenta el cuerpo. Fue un suertudo que siempre escogió la postura equivocada. Y sobrevivió con dignidad a las camas, las sábanas y los despertares abruptos. En política la cama no tiene nada que ver con el erotismo, ni siquiera con el sueño. Empezó con Tierno Galván, en aquel redil ilustrado que operaba en un piso elegante de la calle Marqués de Cubas, en Madrid, entre el Congreso y el Banco de España, vecino a aquel hotel Suecia que se irá de nuestra memoria sin que nadie le dedique un gran cuento, brutal y cálido; un poco falso también, como el restaurante sueco del sótano, donde abrevaba aquel gran sofista de la socialdemocracia que fue el Viejo Profesor. Uno más que exige una gran biografía de época.

Y Raúl Morodo. Yo le tengo cariño a Morodo, porque reconociendo que jamás le hubiera votado, fue en los años del cólera y hasta ahora mismo una especie de laica Madre Calcuta, cooperante, animoso, casado con mujer amable y rica, atento y sobre todo cumplidor de ese deber ya agotado de recoger con dignidad los restos de los naufragios. Tiene gracia. Los más desvergonzados chiquilicuatres del arribismo político le consideraban un oportunista. La vida enriquece mucho los paisajes humanos. Estoy hablando de la prehistoria, pero es menester, porque Morodo y su departamento en la universidad fueron recogiendo a Enrique Curiel tras cada situación impredecible.

Luego vino el Partido Comunista. Aquí le conocí yo a comienzos de los setenta, en un aparte de una reunión de la dirección de Madrid. Hablamos de Azaña. Yo creo que tras su frustrada inmersión en Manuel Azaña había también algo de búsqueda de su patrimonio cultural; su familia, liberal y republicana, castigada en aquella represión devastadora de los años del cólera. Debió de empezar su militancia comunista hacia 1969, con toda probabilidad tras el estado de excepción, otro hecho trascendental en nuestra historia. No me canso de repetir que nosotros no tuvimos Mayo del 68, nosotros tuvimos enero de 1969 y el asesinato policial del estudiante Enrique Ruano, que cambió tantas vidas.

Pocos líderes estudiantiles fueron tan incapaces de asumir su liderazgo como Enrique Curiel. Era un líder nato, como se suele decir de manera equívoca: lo tenía todo. Hermosa planta, buena oratoria, cabeza amueblada, cultura notable…, pero el peso de la mediocridad ambiental siempre le afectó tanto que parecía avergonzarse de su suerte. La ambición en política es algo tan obvio como el respirar, está en los genes del oficio. Un político sin ambición es peor que un jardín sin flores, es un funcionario. Pocos hombres de la transición dentro de la izquierda llevaron sobre su figura la corona infamante de ser un trepa.Y lo más patético es que no sólo no lo era, sino que no se atrevía a serlo. Cuando dejó el Partido Comunista de España de Julio Anguita, devolvió el escaño, cosa insólita en el gremio, y aseguraron que le había comprado el PSOE.

Formó parte de una generación de fracasados políticos que hubieron de asumir que, o entraban en el PSOE, o no había posibilidad de hacer política. Lo de Julio Anguita tenía mucho que ver con la teosofía pero poco con la realidad. ¡Oh, los muchachos de la utopía que anegaron la izquierda comunista en los primeros años de la transición, hoy en su mayoría reaccionarios convictos y confesos! La política se hace, no se imagina. O te dedicas a eso o te retiras. Enrique Curiel quería seguir y siguió. Vivió en protagonista la crisis letal del Partido Comunista y le faltó valor para asumir la maledicencia. No quería ser secretario general, se conformaba con la vicesecretaría. En el fondo carecía de la pasta del trepa, y eso le hundió, porque hubo de asumirlo todo y no poder ejecutar nada.

Aún recuerdo su momento estelar, el del fracaso más rotundo. Contado por él tenía el valor de un cuento gallego, entre Castelao y Cunqueiro, así de contradictorio. Entró en el PSOE porque no había otro lugar para hacer política, en la misma medida, digámoslo así, que quien quería pelear en los sesenta, y luego, no tenía otro lugar para hacerlo mejor que en el PCE-PSUC. ¿O había otros? Me gustaría que me los citaran. Pero no era lo mismo vivir la clandestinidad que ingresar en el poder. Fue concejal, diputado y senador. El día que decidieron retirarle lo hicieron en una asamblea de socialistas gallegos que aprobaban las listas decididas por Pepiño Blanco. Alguien subió a la tribuna y dijo: “Habréis notado que Enrique Curiel no está entre los candidatos, yes así, compañeros, porque ha sido llamado a más altas tareas en Madrid…”. Y entonces todos exultaron en una ovación cerrada que le obligó a levantarse.

“Nunca en mi vida he tenido una sensación tan ridícula -decía-. Yo no sabía si darles las gracias por los aplausos o ponerme a gritar: ¡Gilipollas, si acaban de defenestrarme, no voy a ningún lugar que no sea a mi casa, y nadie me ha ofrecido nada, ni en Madrid ni en parte alguna!”.

No fuimos muy amigos hasta que nos hicimos amigos. Fue después que todo hubiera terminado, al menos para mí, y él seguía con un escepticismo y una lucidez que me impresionaban. No es un recuerdo glorioso, lo reconozco, pero la última manifestación en la que participamos juntos fue a finales de diciembre de 1976. Me refiero a una manifestación a la antigua. Acababan de detener a Santiago Carrillo y salimos a la calle, y nos forraron a hostias. Era la transición, señores, aquella época dorada cuando todos éramos hermanos, pero a Curiel le dieron un balazo en el culo. Sí, en el culo. Se libró de una perforación de milagro. Me acuerdo de la vergüenza que sentía al tener que dar sus clases con un flotador en el trasero.

¿Cómo explicar la persona de Enrique Curiel a una generación que no tiene ni idea de quién fue? Pues muy sencillo, iba a cumplir 64 años, había peleado casi toda su vida por cambiar el mundo y acabó en un partido dedicado expresamente a lo contrario. Yo no lo haré, lo puedo asegurar, pero me llenó de orgullo que su último deseo fuera el de cubrir su féretro con la bandera del PCE. Un gesto. Porque una cosa es una generación derrotada que llegó a la inevitable conclusión de que si ganaban los nuestros perdíamos nosotros, y otra la dignidad de haberlo intentado.
Publicado en la Vanguardia

domingo, 13 de marzo de 2011

Una Central Nuclear no emite CO2, ¿o sí? (Fukujima)



Es cierto que la zona sísmica japonesa es mucho mas activa que la española, pero también es cierto que el diseño de una Central Nuclear debe ajustarse a los peligros o riesgos de la zona en los que esté situada, incluido el riesgo de sabotaje (terrorismo en nuestro caso elevado).
No parece que como indica El Pais de hoy domingo las fugas de vapor radioactivo se deban a la simple apertura de válvulas de alivio (ver la película) sino a algo mucho mas serio que pudiera llegar a la fusión del núcleo por pérdida de refrigerante o insuficiente refrigeración.
Esas imágenes reflejan el fenómeno y pone en su sitio a los idiotas que afirman que una Central Nuclear no emite CO2 (cuando esta funcionando perfectamente, claro) haciendo caso omiso ademas de la emisión radioactiva.
Una Central Nuclear no es como una bombilla que pueda apagarse instantáneamente sino que tiene lugar un largo proceso denominado "parada segura" durante el cual los sistemas de refrigeración deben seguir actuando y si no lo hacen, por la causa que sea, el peligro de fusión del núcleo es inminente.
Cuando se evalúan los costes de producción de electricidad ligados a un método de producción determinado, en este caso de energía nuclear de fisión es necesario evaluar, también, los costes de fallo de funcionamiento (ligados a una probabilidad de ocurrencia" de un suceso determinado) y al de mantenimiento seguro de los residuos producidos durante el periodo de tiempo de actividad radioactiva peligrosa de los mismos, ya que en caso contrario nos estamos haciendo trampas en el solitario.
Japón históricamente se encuentra en una zona de alta actividad sísmica por lo que no es tan extraña la coincidencia de un terremoto con un tsunami, en realidad la causa es la misma, el desplazamiento de placas tectónicas. Por tanto, la decisión de colocar Centrales Nucleares en esa zona no puede considerarse demasiado prudente y menos en ese número. Tampoco lo es mantener en funcionamiento Centrales Nucleares extendiendo su periodo de vida en detrimento de la seguridad. Una Central Nuclear se diseña para una vida determinada y alargar la misma como es el caso de Fukushima incrementa el riesgo de accidente, había otras centrales más cercanas del epicentro del movimiento sísmico  más cercano y al parecer sufrieron menos.
El sistema de refrigeración del núcleo por agua está alimentado por una bomba impulsora alimentada a su vez por tres sistemas eléctricos redundantes: alimentación desde la red convencional, alimentación desde los grupos Diesel, y finalmente alimentación desde baterías eléctricas (éstas con una autonomía mucho mas reducida unas pocas horas).
El tsunami dañó inicialmente la alimentación eléctrica convencional (¿de forma irreversible?), la alimentación desde los grupos Diesel al parecer resultó dañada, pero existe información contradictoria sobre la llegada de combustible Diesel detenida por el caos de tráfico de los alrededores (¿carecían entonces de suficiente combustible para continuar con ese segundo sistema de emergencia?). Finalmente y ya tarde pusieron en marcha el tercer sistema de baterías,  cuando la reacción nuclear continuaba durante el proceso de parada con una insuficiente cantidad de agua en el proceso. Al acabarse el sistema de de alimentación eléctrica por baterías al no existir agua circulando subió la temperatura (el proceso de parada no es instantáneo) con lo que los gases producidos por el quemado de las vainas de Zircalloy y la fusión parcial de las barras de combustible continuaban su labor.
Parece claro que no comenzaron el proceso de parada segura cuando tuvo lugar el terremoto, luego vino el tsunami que inutilizo (dicen ) el circuito de refrigeración (la bomba, aunque no está claro),  un BWR no tiene circuito secundario como en el PWR por lo que si hay una avería en la refrigeración (clase I) no hay mas solución que iniciar el proceso de parada y cruzar los dedos.... hasta que finalice.

Claro, que mientras no nos toque a nosotros ¿qué mas da, verdad?

Gregorio Gil

viernes, 4 de marzo de 2011

¿Que se debe hacer para crear empleo?


Normalmente presentan sus propuestas como si fueran el resultado de análisis científicos rigurosos y fuera de toda duda pero es importante que la ciudadanía sepa que no cuentan con más evidencia empírica que la que tienen otros análisis que proponen fórmulas alternativas para combatir el desempleo. Y, en consecuencia, que siguiendo sus propuestas, como se viene haciendo, es completamente improbable que se pueda reducir la tasa de paro que sufrimos.
Los economistas neoliberales afirman que las instituciones del mercado de trabajo (salarios, mecanismos de negociación, sindicatos, costes de despido, formas de contratación...) son las que determinan que haya más o menos facilidad para crear empleo y que, por tanto, son las determinantes de las tasas de paro existentes. Afirman que en países como España esas instituciones constituyen rémoras que impiden que las empresas contraten a más trabajadores y que, por tanto, hay que reformarlas para hacerlas más flexibles, es decir, menos costosas y más favorables a las estrategias empresariales.
El punto de partida de estas formulaciones es considerar que el trabajo es una mercancía más, y que el paro simplemente refleja un exceso de oferta en el mercado que se puede resolver si se baja el precio del trabajo, el salario. Cuando las instituciones son rígidas o inadecuadas (como entienden que ocurre en España) no se producirá ese descenso del salario y por tanto perdurará el paro. Un paro que estos economistas denominan voluntario porque sería el resultado de que los trabajadores no aceptan otras condiciones más flexibles o menos onerosas para las empresas. Las propias clases trabajadoras, y más concretamente los sindicatos que se suponen que son quienes representan sus intereses, serían los culpable de que hubiese desempleo, de lo cual también deducen que lo deseable sería que la presencia sindical fuese mínima, bien haciéndolos desaparecer o reformando la negociación colectiva para lograr que tengan la menor influencia posible en la determinación de las condiciones de trabajo
Hace ya uno sesenta años que economistas como Keynes o Kalecki pusieron de relieve que este enfoque contenía errores de partida esenciales y que la evidencia empírica más bien mostraba que eran otros factores los que actuaban como determinantes de la tasa de paro. Pero, pese a ello, los economistas neoliberales siguen manteniendo esas hipótesis, lo que no se puede explicar sino como el resultado de una opción ideológica, legítima, pero ideológica al fin y al cabo y no científica, como siempre quieren hacer creer cuando presentan sus propuestas.
El hecho de que esta tesis haya sido sostenida por los grandes organismos económicos internacionales, por las patronales y por los grandes centros de poder es lo que ha permitido que, pesar de su falta de fundamento científico, se haya convertido en la inspiradora de las políticas laborales y económicas de los últimos años, orientadas, como se sabe a flexibilizar y liberalizar los mercados laborales.
La consecuencia de ello ha sido que, unidas estas políticas a otras igualmente desalentadoras de la actividad económica, no se han podido crear los puestos de trabajo necesarios y, sobre todo, que el empleo generado ha sido más barato y de peor calidad, lo que ha redundado en el incremento de las rentas de capital frente a la salariales.
Recientemente, mientras que los economistas neoliberales continúan  insistiendo en sus propuestas de reforma laboral, se acaba de publicar un artículo en el Cambridge Journal of Economics (2011, 35; pp. 437–457) en el que de nuevo se demuestra (en este caso para la experiencia de 20 países de la OCDE incluida España) que la evidencia empírica no da apoyo a sus tesis.
En su trabajo Capital accumulation, labour market institutions and unemployment in the medium run los economistas Engelbert Stockhammer y Erik Klär demuestran que los factores que tienen que ver con la acumulación de capital y con las variables macroeconómicas que actúan sobre el lado de la demanda tienen una influencia mucho más significativa que las instituciones del mercado laboral sobre las tasas de paro a medio plazo.
Se evidencia así una vez más que las propuestas de reforma de los economistas neoliberales no son las más adecuadas para generar empleo y que, por el contrario, lo mejor que se puede hacer para conseguir crear puestos de trabajo es actuar sobre el mercado de bienes y servicios para lograr que haya demanda efectiva suficiente.
La reforma laboral que proponen y que en parte ha aceptado nuestro gobierno no solo no permitirá generar más empleo (en realidad, así lo reconocieron los defensores más honestos de la propuesta) sino que, a la vista de evidencias como las que muestra este artículo, lo que hará será dificultar que se cree a medio plazo.
Las reformas laborales que plantean los neoliberales y aplicadas en los últimos años perjudican a la creación de empleo porque deprimen la demanda efectiva y, por tanto, empeoran las condiciones de la acumulación del capital. Al igual que sucede con la política monetaria que se ha venido llevando a cabo por el Banco Central Europeo y con el conjunto de políticas que han aplicado los gobiernos.
Para crear empleo hay que hacer otra cosa, según nos sugieren trabajos empíricos como el que acabo de mencionar. Hay que estimular la inversión productiva, hay que crear capital social y sostener una demanda efectiva potente que principalmente puede provenir de la masa salarial, puesto que las rentas del capital y las más altas tienden a dedicarse al ahorro en mucha mayor proporción y éste, en ausencia de las reformas necesarias del sistema financiero, es absorbido por éste último y derivado hacia la inversión especulativa.
La receta más adecuada para combatir el paro facilitando la generación de puestos empleo es crear condiciones macroeconómicas que dinamicen el mercado de bienes y servicios. Actuar sobre el mercado laboral para abaratar el empleo y para proporcionar condiciones más favorables de contratación para la gran empresa no lo garantiza a medio plazo. Podría ser una buena solución para la empresa considerada aisladamente pero no para el conjunto de ellas y, sobre todo, para las pequeñas y medianas que no disponen de la válvula de escape de los mercados globales.
Publicado en Sistema Digital el 3 de marzo de 2011

Capital accumulation, labour market institutions and unemployment in the medium run los economistas Engelbert Stockhammer y Erik Klär
Abstract
According to the mainstream view, labour market institutions (LMIs) are the key determinants of unemployment in the medium run. The actual empirical explanatory power of measures for labour market institutions, however, has recently been called into question. The Keynesian view holds periods of high real interest rates and insufficient capital accumulation responsible for unemployment. Empirical work in this tradition has paid little attention to the role of LMIs. This paper contributes to the debate by highlighting the role of autonomous changes in capital accumulation as a macroeconomic shock. In the empirical analysis, medium-term unemployment is explained by capital accumulation, LMIs and a number of macroeconomic shocks in a panel analysis covering 20 OECD countries. The economic effects of changes in LMI, variations in capital accumulation and other macro shocks are compared. Capital accumulation and the real interest rate are found to have statistically significant effects that are robust to the inclusion of control variables and show larger effects than LM

miércoles, 23 de febrero de 2011

Mesas de convergencia: Juan Torres



Las Mesas de Convergencia Ciudadana
JOSÉ MANUEL NAREDO

Podrá establecerse una base amplia de “mesas de convergencia ciudadana” que active la participación social en la toma de decisiones? Es lo que pretende el llamamiento y el masivo encuentro fundacional celebrado el pasado 19 de febrero en Madrid. No es un propósito elitista lo que mueve esta iniciativa, sino el de hacer “mesas ciudadanas en todos los barrios”. Se cuenta para ello con el apoyo de especialistas en participación social y en trabajos en red, no de líderes mediáticos. Confundir esta iniciativa con clubes o coordinadoras de partidos y cargarla de etiquetas manidas que ahuyenten a buena parte de la ciudadanía convocada es el peor favor que se le puede hacer. El interés de la misma pasa por romper los moldes habituales de hacer política desde arriba para abrir nuevos cauces desde abajo. Este empeño de ensanchar la participación –que debería ser tarea habitual de un Estado verdaderamente democrático– surge espoleado por las graves carencias actuales. Dos razones justifican sobre todo la llamada a constituir una red que trabaje a favor de una ciudadanía activa que vele por la defensa de sus derechos y de su calidad de vida.

Una, que la mayoría de la gente se encuentra indefensa ante una serie de medidas que, con el pretexto de la crisis, apuntan a recortar de forma duradera sus derechos y sus ingresos en beneficio de los privilegiados, a aumentar sus impuestos y a deteriorar su entorno ecológico y social. La discrecionalidad del Gobierno rompiendo sus propias promesas lo ha despojado de la autoridad que le confería el electorado sin que la ciudadanía disponga de cauces para reaccionar. La constitución de esta red, como instrumento y parte de una ciudadanía activa, trata de paliar la actual falta de cauces de mediación política que le permitan expresarse e intervenir más allá de las campañas electorales orquestadas cada cuatro años. Se trata, en suma, de revitalizar la implicación ciudadana en los asuntos públicos como contrapeso al poder político-empresarial que hoy decide al margen de la población.
La otra razón estriba en las enormes posibilidades de comunicación e intercambio en red que brindan los nuevos medios informáticos. Se trata de aprovechar estas posibilidades para tejer una red ciudadana capaz de aglutinar personas y entidades con metas más elevadas que las de la búsqueda de poder y de dinero que hoy parasitan la vida política. Plantearlo es el primer paso para conseguirlo.

José Manuel Naredo es Economista y estadístic

martes, 22 de febrero de 2011

El discurso económico al servicio del poder

José Manuel Naredo 

A estas alturas de la crisis aflora la noticia de que el Fondo Monetario Internacional, con Rato a la cabeza y 1.200 economistas más, no advirtieron de su llegada. ¡Vaya novedad! Parece que no nos hemos enterado todavía de que los servicios de estudio gubernamentales o de los grandes grupos empresariales tratan más bien de ocultar y edulcorar -no de identificar y subrayar- los problemas de la gestión económica. Y, en la medida en la que la función apologética hacia el statu quo capitalista de esos servicios de estudio se impone, su capacidad de interpretación y predicción se desvanece.
Para cumplir la función apologética antes mencionada se elabora un discurso económico equívoco, orientado a soslayar los principales problemas y a alimentar el conformismo. Por ejemplo, en España el lenguaje económico correcto negaba que existiera una burbuja inmobiliaria y vaticinaba, todo lo más, un “aterrizaje suave”. La predicción del “aterrizaje suave” fue todavía reiterada en 2006 por Botín, cuando hacía años que decaía la inversión extranjera en inmuebles, cuando el propio Banco Santander se había desprendido oportunamente de los suyos y cuando los empresarios más avezados del ladrillo “diversificaban” sus inversiones y vendían sus empresas, anticipando la magnitud del naufragio.
En este contexto encajan las insolventes previsiones de Solbes, las de Salgado… o las de Rato. Son el precio de haber cumplido bien su papel de soslayar los enormes desequilibrios y riesgos de las economías estadounidense y española que alimentaron la crisis, de minimizarla después y de atribuirla a causas ajenas.
La información de Wikileaks desvela el divorcio entre los diagnósticos oficiales y las confesiones privadas sobre la crisis de los más altos responsables financieros estadounidenses y británicos: en el verano de 2007 reconocían ya privadamente que estábamos ante una grave crisis bancaria de insolvencia, mientras que declaraban que se trataba sólo de una crisis pasajera de liquidez. Creo que no es tanto la competencia o incompetencia, como la censura implícita existente, la que separa hoy el discurso económico del poder divulgado por los media, de la opinión tanto más crítica y acertada como comúnmente silenciada de los analistas independientes.
Artículo Publicado en Público

sábado, 19 de febrero de 2011

La privatización de los ejércitos



ImageEligio Hernández.- El fundamentalismo neoliberal, que nadie ha elegido ni controla,   ha tomado el poder de los Estados, a los que ha invadido en toda regla, sin armas ni bombas. La política económica de los Estados está totalmente controlada  por el  FMI  y sus sabuesos ultraliberales, cuyo objetivo es acabar definitivamente con el Estado del Bienestar creado por la socialdemocracia, a la que han aniquilado sin resistencia, la destrucción de la clase media, de los sindicatos , la eliminación del contenido social de los Estados, tanto a nivel de prestaciones sociales, como a nivel de derechos económicos y laborales, la privatización total de la educación, sanidad, servicios públicos, suelo, energía, agua, y de otras fuentes públicas de riqueza, todo ello a través de un descomunal plan de ajuste neoliberal, que afecta principalmente a los más desfavorecidos, por los mercados, actuales gobiernos de facto en todos los países europeos.
Sólo falta que privaticen a los Ejércitos, como ya se ha iniciado por los Estado Unidos, privando así a los Estados de la columna vertebral que les permite navegar sin hundirse en aguas procelosas. Como dijo Ortega y Gasset “debe un pueblo sentir su honor vinculado a su ejército, no por ser el instrumento con que puede castigar las ofensas que otra nación le infiera: éste es un honor externo, vano, hacia afuera. Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta”. En la misma obra razona: "medítese un poco sobre la cantidad de fervores, de altísimas virtudes, de genialidad, de vital energía que es preciso acumular para poner en pie un buen ejército. ¿Cómo negarse a ver en ello una de las creaciones más maravillosas de la espiritualidad humana? La fuerza de las armas no es fuerza bruta, sino fuerza espiritual". Muchas veces se olvida, como señaló Bedell Smith que: “raramente ha sido capaz la diplomacia de ganar en la mesa de conferencias lo que no ha podido ser ganado conservado en el campo de batalla”.Sin Ejércitos la humanidad está advocada a la barbarie.

La desnaturalización de los Ejércitos ya empezó con la eliminación por los gobiernos conservadores del servicio militar obligatorio, institucionalizando un Ejercito  profesional integrado mayoritariamente por soldados pertenecientes a  las clases sociales depauperadas, en busca de un puesto de trabajo que les niega el mercado o de un permiso de residencia en los Estados Unidos, y desvirtuando la noble vocación militar y el  sublime sentimiento del patriotismo que justifica y dignifica a los Ejércitos. El fin último del totalitarismo del mercado es privatizar los Ejércitos para ponerlos al servicio de sus intereses, y no al servicio de sus Patrias, sin el cual carecen de sentido. Un ejército sin virtudes militares, sin honor, sin héroes, sin valor, se convierte en una banda de mercenarios, cuando no de asesinos a sueldo. Entonces el Gran Hermano orweliano del mercado habrá destruido a los Estados y sometido a los pueblos a nuevas formas de esclavitud, si no lo remedia la inaplazable reconstrucción de un nuevo socialismo global que sustituya a una izquierda testimonial dividida, políticamente profesionalizada, y a un sindicalismo multifraccionado y burocratizado, que pierden el tiempo con discusiones bizantinas acerca de si son galgos o podencos, y se conforman con la migajas que les da el poder económico, abandonando a su suerte a los pobres del mundo.
Publicado en San Borondón 11-12-2010

lunes, 14 de febrero de 2011

La calidad de las universidades y los milagros

Daniel Peña*

La crisis económica y la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo económico basado en el conocimiento han estimulado un interés creciente por la calidad de nuestras Universidades y su situación relativa (ranking) respecto a las de otros países. La sociedad española parece haber descubierto con sorpresa que sus Universidades no aparecen en lugares destacados en los rankings internacionales. ¿Cómo podría ser de otro modo? Cualquier ranking muestra que la posición relativa depende mucho de los recursos disponibles.
Por ejemplo, los rankings están encabezados por las prestigiosas Universidades investigadoras de Estados Unidos, como Harvard, MIT o Princeton, que tienen un presupuesto de alrededor de 150.000 euros por estudiante y año. En Europa destacan Oxford y Cambridge, con un presupuesto de unos 50.000 euros. A continuación, se encuentran las buenas Universidades públicas continentales, como Leiden en Holanda, Pierre et Marie Curie en Francia o Heilderberg en Alemania, con un presupuesto promedio de unos 20.000 euros. Junto a ellas se sitúan ya las mejores Universidades de los países emergentes, como Corea del Sur, Singapur, Brasil o China, con presupuestos algo más altos que las europeas, de unos 25.000 euros. Las españolas aparecen a la cola de los países desarrollados, con un presupuesto promedio algo menor de los 10.000 euros por estudiante y año. ¿No sería un milagro que pudieran competir de forma efectiva con las mejores Universidades del mundo? ¿Podemos tener Universidades de excelencia con recursos de país subdesarrollado?
Puede argumentarse que la financiación no determina los resultados, que dependen mucho de la eficacia y eficiencia en el uso de los recursos. En particular, la forma de gobernanza y la endogamia se citan como factores negativos de nuestro sistema. Es cierto que hay mucho que mejorar en la eficiencia de nuestras Universidades y en su cultura de rendición de cuentas, pero no aspiremos con medidas legislativas a multiplicar los panes y los peces: es imposible que nuestras mejores Universidades ocupen puestos destacados en los rankings internacionales si carecen de recursos para competir en un mundo globalizado. Es como aspirar a que con mejores camisetas un equipo de fútbol con ingresos de Tercera División gane la Champions, y no un año, sino habitualmente.
Los problemas económicos de las Universidades españolas no van a resolverse subiendo las tasas académicas. Las Universidades líderes en los rankings son siempre instituciones sin ánimo de lucro, que reciben fondos, sin esperar dividendos, que invierten en docencia e investigación de excelencia. Existe la falsa idea de que las prestigiosas Universidades privadas de Estados Unidos se financian con las tasas de los estudiantes, que son una pequeña fracción de su presupuesto. Por ejemplo, la Universidad de Princeton obtiene el 20% de sus ingresos de las tasas, proporción similar al de las Universidades públicas españolas. Sus recursos provienen de subvenciones, públicas y privadas, dirigidas principalmente a financiar su investigación. En España debemos asignar más recursos públicos y, sobre todo, hacer depender los recursos de los resultados para que, como en el norte de Europa y Norteamérica, pero también en Brasil, Corea o China, las instituciones más prestigiosas dispongan siempre de mayores ingresos.
La financiación de una Universidad en España depende poco de su calidad y mucho de su localización. La partida principal de su presupuesto, entre el 40% y el 75%, es la transferencia de la comunidad autónoma, que, en 2008, fue en promedio de 5.864 euros por estudiante. Pero esta cantidad oscila desde los 8.354 euros en Navarra a los 3.893 en Extremadura. Además, los recursos recibidos no dependen de la riqueza relativa de la comunidad: algunas hacen un gran esfuerzo por sus Universidades públicas con relación a su PIB, como Castilla-La Mancha o Valencia, mientras que otras tienen otras prioridades, como Madrid o Baleares (véase La Universidad española en cifras, 2008). Aunque en teoría muchas comunidades asignan recursos en función de los resultados, en la práctica, las Universidades de la misma comunidad reciben recursos similares. La consecuencia es una falta de relación entre calidad y recursos públicos recibidos por las Universidades.
Consciente de esta grave deficiencia de nuestro sistema universitario, el Gobierno ha tenido la oportuna iniciativa de establecer el programa de Campus de Excelencia Internacional (CEI) para asignar recursos adicionales a las mejores Universidades. Está inspirado en los programas ya implantados con éxito en Alemania y Francia, cuyos Gobiernos han dedicado importantes recursos a este objetivo: unos 1.900 millones de euros en Alemania y 5.000 millones en Francia. En España la convocatoria CEI 2010 cuenta con un presupuesto conjunto del MEC y del MICINN de unos 240 millones de euros, de los que cerca del 90% son préstamos reembolsables. Esto implica que en Francia o Alemania las Universidades seleccionadas han obtenido subvenciones de hasta 600 millones de euros, mientras que en España pueden recibir un crédito de menos del 5% de esta cantidad, que deberán, además, devolver en el futuro. Con estos exiguos recursos el programa CEI aspira a situar nuestras Universidades entre las mejores de Europa. ¿No sería un prodigioso milagro?
*Daniel Peña es rector de la Universidad Carlos III de Madrid
Publicado en El País    14-02-2011

domingo, 13 de febrero de 2011

¡Indignaos!

¡Indignaos!

Ignacio Ramonet
País: Francia, Global
Tema: Ideología

Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim. Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules, judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.
Después de la victoria, De Gaulle lo envía –tiene apenas 28 años– a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos.
Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los “sin papeles”, a los gitanos, a todos los inmigrantes...
Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido –en la Francia popular sublevada contra la regresión social–, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).
Dice Balzac que el panfleto “es el sarcasmo convertido en bala de cañón”. Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: “Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.
Los motivos de indignación no escasean: “En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables”. En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. “La dictadura internacional de los mercados internacionales” constituye además, según él, “una amenaza para la paz y la democracia”. “Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado”.
En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: “La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero”. A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: “Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero”.
En temas de política internacional, Hessel afirma que su “principal indignación” es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea “el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista, acusa al ejército israelí”. Relata su visita reciente a Gaza, “prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos”. Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia. Al contrario, reafirma que “el terrorismo es inaceptable”, no sólo por razones éticas sino porque, al ser “una expresión de la desesperación”, no resulta eficaz para su propia causa pues “no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar”.
Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican “el camino que debemos aprender a seguir”. Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: “apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación –sea quien sea el autor de ésta–, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!”.
Finalmente, se declara partidario de una “insurrección pacífica”. En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que “sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos”.
Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo...
Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!
(1) El otro era Pierre-Henri Roché, autor de la novela con el mismo título llevada a la pantalla por François Truffaut.
(2) Stéphane Hessel, Indignez-vous!, Indigène éditions, Montpellier, 2010.
(3) NDLR: “Human Rights In Palestine And Other Occupied Arab Territories. Report of the United Nations Fact Finding Mission on the Gaza Conflict”, Naciones Unidas, Nueva York, 15 de septiembre de 2009
Publicado en Le Monde Diplomatique

sábado, 5 de febrero de 2011

La crisis económica (59 segundos)

"59 segundos" from ATTAC.TV on Vimeo.


Intervienen: Torres, Urbaneja, Caldera, Serra y Schwartz, presenta María Casado.
En este programa cada interviniente plantea sus posturas con respecto a la crisis "española", paro, pensiones y deuda; aunque cuando haya países europeos, como Alemania, que está creciendo ya a un 4% su PIB, de ahí el hincapié en crisis "española".
No hay comentarios, las intervenciones se comentan solas.

viernes, 4 de febrero de 2011

Convocatoria: Juan Torres López

LLAMAMIENTO

Hace un par de meses, un grupo de amigos de diferentes sensibilidades políticas pero que ya tenemos muchos kilómetros recorridos, pensamos que había que hacer algo ante la situación de falta de respuestas eficaces y de desunión ante todo lo que estaba pasando. Hicimos una convocatoria restringida a otras cuarenta o cincuenta personas. Casi todas aceptaron venir, o al menos mostraron su acuerdo si no les fue posible estar presentes. Hablamos de lo que sentíamos y percibíamos y acordamos volver a convocar pero ahora a muchas más.

Nos ha costado trabajo ponernos en marcha porque detrás de nosotros no hay ninguna organización pero ya lo hemos conseguido. Hemos convocado un encuentro para el próximo día 19 de febrero en Madrid con el propósito de comprometernos a promover la convergencia más amplia posible de todas las personas, movimientos, asociaciones u organizaciones que estamos en desacuerdo con lo que está pasando en España, con el recorte de derechos laborales y sociales, con la aplicación de políticas al dictado de los poderes financieros, con el deterioro de nuestra democracia, con el aumento de la pobreza que están provocando y, sobre todo, que tenemos la convicción de que hay otros modos de hacer las cosas, que no queremos renunciar a que la justicia sea una aspiración efectiva y permanente y que estamos dispuestos a vivir bajo otros valores que no sean los de la ganancia sin freno, la competencia y el individualismo.

Ya no es momento de quedarse parados delante de una pantalla de ordenador. Hay que ir al encuentro de las mujeres y hombres que tienen nuestros mismos problemas e inquietudes y valores semejantes. Tenemos que vernos las caras, hablar de lo que pasa y actuar conjuntamente. Por eso hemos propuesto constituir en cada rincón de España mesas de convergencia en las que la gente corriente, sea o no de un partido o de otro, o esté o no organizada, ponga su esfuerzo en común y ayude a quien tiene a su lado.

Es la hora de que entre todos  forjemos una voz de la calle que impida que solo se oigan las de siempre, las que solo saben repetir que hay que bajar salarios, recortar el gasto social, salvar a los bancos y hacer lo que ellos digan que tenemos que hacer.

Hemos abierto un blog en el que se encuentra la carta de convocatoria y un llamamiento muy elemental. No se trata de formar un partido, ni de elaborar, al menos de momento, un programa de actuación. Nos une ahora una declaración de intenciones muy simple pero radical porque apunta a las raíces de los problemas que tenemos y una serie de medidas que creemos que hay que exigir inmediatamente a los poderes públicos para evitar que la situación económica, social y política empeore aún más. 

Sabemos que muchos nos tachan de ingenuos y utópicos porque le estamos diciendo a la gente que, en lugar de mantenerse al abrigo de una vida más o menos cómoda (de momento), tiene que complicarse la existencia y despertar del letargo. Puede que nos digan eso pero lo que no van a poder decirnos nunca es que renunciamos a luchar por la justicia o a decirles a los mismos de siempre que ya está bien. 

La dirección del blog y la información sobe la convocatoria está es mesasdeconvergencia.wordpress.com/

La asamblea será el 19 de febrero a partir de las 11.00 horas en el Auditorio Marcelino Camacho de Madrid, Calle Lope de Vega nº 40. 

¡Os esperamos!

jueves, 3 de febrero de 2011

LA SEÑORA MERKEL, ALEMANIA Y EUROPA





Juan Torres López

Merkel a España se presenta con una intención bastante clara: revisar los deberes de un alumno díscolo e imponerle enseguida nuevas tareas.

Alemania tiene un especial interés en lo que está ocurriendo en España y en lo que pueda pasar en el futuro inmediato por dos razones fundamentales, y ninguna de ellas se puede decir que tengan que ver con la generosidad o la altura de miras.



En primer lugar, porque Alemania ha conseguido imponer a los demás su modelo basado en las exportaciones y necesita, por tanto, que los demás estén en condiciones de ir absorbiendo los capitales y mercancías que coloca en el exterior. Alemania necesita mercados aunque la paradoja es, como explicaré enseguida, que al imponer políticas que los aseguren los hunde al mismo tiempo. Algo que inevitablemente ocurre cuando alguien trata de salir de un hoyo al que ha caído junto a otros simplemente tirando de su propio cabello.


En segundo lugar, Alemania está altamente preocupada por el bucle que se ha formado en las finanzas europeas y cuyo nudo gordiano tiene mucho que ver con los bancos españoles. El excedente de capital alemán de bastantes años fue siendo utilizado por los bancos alemanes para generar deuda (es su negocio y al igual que un fabricante de sillas trata de producir el mayor número de ellas, los bancos procuran crear el mayor volumen posible de deuda) prestando a bancos extranjeros o invirtiendo capital también fuera de sus fronteras. Cuando la situación se ha vuelto complicada porque los bancos dedicaron esa deuda a promover burbujas inmobiliarias y a acumular basura financiera, los acreedores últimos, los alemanes, temen con razón que empiecen a caer todas las fichas hasta volcarse finalmente sobre ellos. De hecho, eso es lo que ya ha ocurrido en cierta medida y ha hecho necesario que el estado alemán pague una factura multimillonaria que no quiere seguir liquidando en nuevas ocasiones.


Alemania busca, pues, que los demás, y especialmente España estén en condiciones de ir haciendo frente a la deuda final que sus entidades financieras tienen con las alemanas, y para ello es necesario que no se agraven los cuatro problemas fundamentales que los analistas extranjeros más rigurosos están poniendo sobre la mesa a la hora de valorar la gravedad de nuestra situación.

En primer lugar, la degradación de nuestra situación económica y su muy débil recuperación que impide disponer de los ingresos suficientes.

En segundo lugar, que si los ingresos no van a aumentar considerablemente los recortes que hubiera que hacer de gasto público serían, al mismo tiempo, muy problemáticos política y socialmente y demasiado onerosos para la propia economía porque con ellos disminuiría aún más su capacidad de recuperación.

En tercer lugar, las pérdidas que van a aflorar en el sistema bancario, y no solo en las cajas, a poco que se impida que se siga ocultando su situación patrimonial.

Y en cuarto lugar, la resultante de combinar todo ello, porque las dificultades de colocación de la deuda pública afectarían a los bancos que están muy expuestos a ellas y este efecto se trasladaría a su vez al exterior, de modo que si se da una conjunción desafortunada de estas circunstancias será inevitable, como afirman un buen número de los confidenciales financieros, que finalmente haya que recurrir a un apuntalamiento interno (que además y como ya expuse en artículos anteriores en SISTEMA DIGITAL, incluso serían deseados por ciertos grupos de interés).

Alemania, debería ser en principio más favorable a que no se llegara a esta situación porque ello obligaría a poner en la mesa recursos adicionales muy cuantiosos pero es posible que ya piense que no las tiene todas consigo y que lo que se esté preparando es cómo hacer frente a las dificultades que ya se consideren que se le van a presentar inevitablemente a España en los mercados internacionales y en el interior de su propio sistema financiero en los próximos dos o tres meses.

Por eso, ahora que la señora Merkel nos visita para exigirnos disciplina, para reclamar nuevas reformas como la laboral o la de las pensiones, que en realidad no vienen a resolver ningunos de los problemas actuales de nuestra economía sino que tan solo buscan satisfacer demandas antiguas de los grandes grupos financieros y, por tanto, agradar a "los mercados", es conveniente recordar que una buena parte de los males que sufre no solo la economía española sino la europea en su conjunto provienen de la naturaleza del modelo económico que Alemania ha impuesto a Europa.

Y eso es mucho más oportuno justo ahora que el tirón de la economía alemana se está poniendo una vez más como ejemplo a seguir por los demás países.

El "ejemplar" modelo económico alemán de los últimos años es en realidad un devorador neto de bienestar social que se mantiene sobre una continua pérdida de peso de los salarios sobre el conjunto de la renta nacional.
Uno de cada cinco trabajadores alemanes trabaja por menos de 6,5 dólares a la hora y uno de cada tres empleos creados en ese llamado milagro alemán del empleo son precarios (los datos que siguen están tomados de "Caen los salarios reales en Alemania", Boletín de actualidad sociolaboral, Consejería de Empleo e Inmigración española en Berlín. En:www.mtin.es/es/mundo/Revista/Revista127/135.pdf). 

Desde 1998 a 2008 el número de trabajadores que ganan menos de 2/3 del salario medio, los considerados trabajadores pobres, ha aumentado en 2,3 millones y ahora ya hay 6,5 millones en esa situación y los salarios reales en toda la economía alemana no hacen sino bajar constantemente. 

De 2004 a 2008 cayeron nada más y nada menos que un 16,4% en la manufactura. Y, sin embargo, y en contra de la insistente tesis neoliberal de que es preciso que haya moderación salarial para crear empleo, en ese sector se perdieron 640.000 empleos en ese periodo.

Los beneficios, por el contrario, subieron como la espuma. De 2000 a 2007 una media de 7,7% al año, frente a un 1,1% del salario medio. El resultado fue que en es mismo periodo la renta nacional aumentó en unos 299.000 millones de euros, de los cuales 82.000 millones correspondieron a salarios y 217.000 millones a beneficios empresariales y patrimoniales.

Pero estas enormes ganancias obtenidas por las empresas y capitales alemanes no se han aplicado a mejorar la condición de vida de sus ciudadanos, lo que ha hecho que Alemania registre los mayores incrementos de desigualdad en los últimos años. 

La orientación hacia el exterior de la economía alemana se tradujo, en el periodo referido de 2000 a 2007, en una salida de más de 270.000 millones de euros de media al año, que fue dirigida a destinos puramente especulativos, a inflar burbujas inmobiliarias y a promover la evasión y la inversión improductiva. 

La consecuencia es que ahora los bancos alemanes están colgados de un hilo demasiado delicado que ellos mismos han tejido y la propia economía alemana supeditada a una recuperación de las demás (para que sea viable su oferta exterior) que se hace cada vez más difícil cuando sobre ellas pesa una losa gigantesca en forma de deuda (impulsada por los propios bancos alemanes) y de austeridad impuesta para asegurar su cobro.

Y esa es la paradoja a la que se enfrenta la Alemania de la señora Merkel que nos visita: impone políticas austeras a los demás países pero esas políticas deprimen la capacidad de gasto y crecimiento, que es justamente lo contrario de lo que necesitarían para satisfacer la dependencia alemana de su demanda externa y para poder hacer frente con seguridad a los pagos de la deuda. para defender a sus grandes bancos y empresas no solo se equivoca en contra de los demás, sino de los intereses de su propio país, si entendemos que un país es algo más que la gran empresa y la banca como continuamente se nos quiere hacer creer.

En realidad, Alemania está generando en su interior una especie de "milagro chino" sofisticado, de bajos salarios interiores y basado en la exportación, para lo cual ha endeudado a media Europa. Un modelo cuyas bases ya vienen poniéndose desde años atrás y sus consecuencias son evidentes. Ha proporcionado a las grandes empresas europeas y a los bancos más beneficios de los que nunca antes habían obtenido pero, al mismo tiempo, ha producido un incremento de las desigualdades, de la pobreza y, sobre todo, de la capacidad de riqueza productiva. Basta ver el caso español, con sus mejores activos en manos de capital extranjero, y con actividades agrarias, industriales o de servicios de alto valor añadido reducidas a su mínima expresión cuando no están en manos de grandes grupos europeos.

No es una buena mercancía la que viene a vendernos la señora Merkel. Su Europa no conviene a la ciudadanía que vive del trabajo ni a las pequeñas y medianas empresas que no gozan de mercados globales cautivos. Deberíamos aprovechar la oportunidad de su visita para decirle justamente lo contrario de lo que quiere oír, que la sumisión que nos exige no nos satisface y que queremos otra Europa.

Publicado en Sistema Digital